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En el marco de las celebraciones por el bicentenario de las relaciones diplomáticas entre México y Francia, la Fundación de la Maison du Mexique en París organizó el pasado 25 de septiembre el encuentro "México en Francia: Pensamiento e imaginario".

El evento reunió a artistas e intelectuales de ambos países para reflexionar sobre las influencias recíprocas que han enriquecido la creación y el pensamiento. Entre los invitados estuvo el editor y escritor Alberto Ruy Sánchez, cuya trayectoria ha estado estrechamente vinculada al diálogo cultural entre ambos lados del Atlántico.

Reproducimos aquí las respuestas que preparó para su participación en ese encuentro, moderado por la crítica de arte Christine Frérot.

Christine Frérot: Alberto Ruy Sánchez, hace algunos años, el embajador Bruno Delaye, al condecorarlo como Oficial de la Orden de las Artes y de las Letras, comenzó su discurso diciendo: "Entre los escritores e intelectuales mexicanos, es usted una figura emblemática. Pero también para nosotros los franceses, usted es un interlocutor primordial y un brillante promotor del diálogo cultural entre Francia y México. Lo tenemos en gran estima. Lo admiramos". En Artes de México hay dos ediciones dedicadas explícitamente a las relaciones entre Francia y México. Una de ellas se subtitula: Fascinaciones mutuas. Hay en su catálogo de casi cuatro décadas, muchas otras revistas y libros donde autores y artistas de ambos países dan muestra de la vitalidad e importancia de ese vínculo. ¿Cómo lo veía entonces y como lo piensa a lo largo del tiempo? ¿Cómo está presente en su trabajo de editor y de escritor? ¿Qué soluciones propone para mejorar nuestras relaciones artísticas bilaterales?

Alberto Ruy Sánchez: Antes que nada, quiero decir que la relación entre nuestras dos culturas, ambas muy diversas, no se puede reducir a un inventario de exposiciones o incluso de traducciones de libros. Eso sería como el polvo en la punta del iceberg de esa relación larga y profunda. Me parece mucho más interesante preguntarse de qué manera ambas culturas han dejado marcas hondas en la mentalidad y hasta en la vida cotidiana artística de ambos países.

Como editor

Con aquellas primeras ediciones iniciamos una serie sobre los vínculos artísticos con otros países. Un año antes de esa edición llamada México-Francia: Fascinaciones mutuas (número 43), donde tuvimos el privilegio de publicar un ensayo tuyo, querida Christine Frérot, publicamos una exploración complementaria titulada Francia-México: imágenes compartidas (Número 39). El reto era hacer evidente para los demás lo que para nosotros, el equipo editorial motor de Artes de México —Margarita de Orellana, historiadora de mentalidades, Alfonso Alfaro, antropólogo, y yo—, los tres francófonos y doctorados en París, era claro: la huella de la cultura francesa es muy profunda, y muchas veces más callada y definitiva de lo que se supone.

La lista volátil de intercambios diplomáticos culturales no dice casi nunca la naturaleza de un amasiato cultural muchísimas veces clandestino, a contracorriente de las políticas oficiales y de sus certezas, incluyendo sus guerras culturales (como la que hubo cuando un mexicano robó un códice de la Biblioteca Nacional y lo atrapó Interpol cuando trató de venderlo, recurriendo a un pretexto nacionalista de "recuperación" sostenida por el director del INAH de entonces; o la que se declararon Calderón y Sarkozy rindiendo homenaje paradójico al caso Cassez. Asuntos que deberían haberse resuelto rápidamente por debajo de la mesa, para eso se supone que se pintan solos los diplomáticos, y no interrumpiendo abruptamente los asuntos culturales mutuos). El México oficial y sus poderosas élites gubernamentales o privadas, obsesionadas con los Estados Unidos, no se atreven a buscar interlocutores de la cultura más allá de las instancias oficiales. Muchas veces piensan también en México como jardín trasero de los Estados Unidos. Lo verdaderamente interesante está en los márgenes de esas obsesiones y, por lo tanto, en el mundo cultural del pensamiento y de la creatividad. Esporádicamente también en lo excepcional de algunos diplomáticos.

En Artes de México tratamos de delinear la historia de dos miradas entretejidas a lo largo de los siglos con complejidad y creando un tapiz común lleno de paradojas, de retos, abismos y destellos. Un ensayo de Alfonso Alfaro extiende esos hilos. Es un texto ampliamente consultado y citado tanto en Francia como en México, en trabajos universitarios, en la prensa y hasta en textos de diplomáticos. El primer comentario público de ese texto lo hizo el mismo Chirac, siendo presidente, cuando vino a inaugurar la Casa de Francia en México.

Desde la Edad Media, Francia encuentra en lo que después sería el México indígena una imagen de la otredad que quiere superar para ser moderna. En las múltiples y constantes disidencias de ese esfuerzo ilusorio están los verdaderos estudiosos de la diversidad cultural propia y del mundo, incluyendo la del México antiguo. Los mexicanos franceses han sido fundamentales en el estudio del México antiguo. Uno de ellos, Thomas Calvo, escribió en nuestra edición el recorrido veloz de esas labores y sus aportaciones.

Como muestra de nuestras relaciones desiguales, existen escasos equivalentes mexicanos de los mexicanistas. Una excepción fundamental es Octavio Paz. En nuestra edición le hice una entrevista sobre las claves de su relación erudita y apasionada por Francia. Sus respuestas iluminan sobre el sentido de una niñez en una familia mexicana afrancesada de principios del siglo XX. Sus lecturas de adolescencia y juventud lo prepararon para lo inesperado. En Balzac descubrió que la relación de lo cotidiano con lo insólito es la clave del "llamado realismo" de Balzac. "Luego, en Proust descubrí que era posible una literatura de sensaciones que se van convirtiendo en el gran fresco cambiante de la pasión." Proust lo llevó a la gran iniciación que fue Gerard de Nerval, donde Paz aprendió que "todo viaje es una búsqueda y la posibilidad del encuentro". Temas tan presentes en su poesía. Lo comprueba en la India paso a paso y finalmente, nos cuenta "esa búsqueda encarna, se vuelve realidad. Nerval me ayudó a pensar y vivir la magia de ese momento, el encuentro decisivo con Marie José." Esas lecciones francesas están en su poesía, pero también en sus muchos ensayos capitales sobre la poesía y la cultura francesas; y en sus traducciones, incluyendo las de Gerard de Nerval, que nos ofreció en varias versiones haciéndonos testigos de su experimentación, sus dudas, su conocimiento del mundo del autor y de su poética.

Los mexicanos presentan un nuevo reto. La enorme diferencia entre la manera anglosajona de hacer historia, principalmente inductiva, basada en los eventos factuales y limitada por ellos, y la francesa, más deductiva, que parte de los datos para deducir ideas posibles, teorías presentadas como tales, con sus limitaciones y alcances a largo plazo, ha sido un cauce doble que en México casi nunca se junta. Entre los estudiosos mexicanos domina el método anglosajón. En Artes de México hemos tratado de hacer confluir excepcionalmente esos dos ríos de mexicanistas de diferentes horizontes, como una más de las muchas confluencias políticas y culturales que definen nuestro proyecto.

Hay otra lección fundamental que nos da la cultura francesa y que Artes de México tomó como un reto significativo. La Francia industrial sigue siendo el país del pan de trigo y de la vid y muchas otras labores artesanales. Es como su sombra iluminada. Por eso, siglos atrás, la enciclopedia de la Ilustración dio una importancia singular a los oficios, con la idea de que ese mundo artesanal es el que define a un país en vez de los gobernantes y sus guerras y dominios. Asuntos de los que hablaban principalmente las enciclopedias anteriores y las de otras culturas. Hay que recordar que Diderot era hijo de artesano. Inspirados en el proyecto de Diderot, hicimos del conjunto de ediciones de Artes de México una verdadera y osada enciclopedia de lo mexicano en forma de monografías. Esa es una de las razones por las que Artes de México tiene como uno de sus ejes de exploración principales eso que con imprecisión se llama mundo artesanal o el mundo del arte popular pensado como una de las claves fundamentales para comprender a México.

También hay influencia francesa por contraposición. Se puede aprender de Francia en los momentos históricos en los que debemos hacer lo contrario. Francia negó el Barroco, con sus paradojas y excesos irracionales para poder ser una sociedad cartesiana moderna. El Barroco, no como estilo sino como proyecto de civilización, fracasó también en las élites mexicanas, pero se asentó en el mundo popular porque es un proyecto de confluencia de lo diverso y de lo posible. Estudiar a México es comprender el exceso premoderno y cómo es funcional socialmente.

Otra de las ideas que explora Artes de México parte de la constatación de que los surrealistas al llegar a México se encontraron con dimensiones humanas profundas, vinculadas al éxtasis, la locura, la pasión desbordada, la irracionalidad, dimensiones a las que Francia había renunciado. Es decir, en México, el surrealismo entró en contacto con el mundo Barroco de impulsos tremendos y revelaciones desmedidas que permanecía sofocado en la sociedad racionalista contra la cual el surrealismo se rebeló rotundamente.

Volvimos a publicar una entrevista hecha a Breton en México, donde reconoce que aquí se disuelve la oposición entre la vigilia y el sueño, entre el conocimiento racional y el intuitivo. Lo que había encontrado en Rimbaud, en el aduanero Rousseau, en el humor negro. "Aparte de lo que le he dicho, México tiende a ser el lugar surrealista por excelencia. Encuentro el México surrealista en su paisaje abrupto, en su flora, en el dinamismo que le confiere la mezcla de sus razas, así como en sus aspiraciones más altas". Cuando Breton habla de flora se refiere a los agaves. Tema al que Benjamin Péret dedica un bello poema en prosa que publicamos en un libro muy bello con ilustraciones de Magali Lara y en traducción de Lourdes Andrade, especialista mexicana en los artistas surrealistas. Así, como extensión peculiar de las relaciones Francia-México publicamos dos números sobre el surrealismo: uno sobre la transfusión creativa de los surrealistas que se quedaron a vivir en México, y otro sobre los visitantes fugaces del movimiento. También hubo surrealistas que con valiente autenticidad dejaron de serlo, como la artista que tú estudiaste mejor que nadie, querida Christine Frérot, en un libro que nos enorgullece haber publicado recientemente: Alice Rahon, un destino mexicano.

Hemos publicado en México las memorias viajeras de Jean Claude Carriére, inéditas todavía en Francia: Siete cartas más una. Escritas por petición de Natalia Gil para la película testamento, Carrière, 250 metros (2011), filmada por ella y el mexicano Juan Carlos Rulfo. Y desde 1995 publicamos en coedición con la Bibliothèque Nationale de France la primera edición facsimilar del Codex Azcatitlan, ese tesoro del siglo XVI que viene a México en visita oficial como parte de estas celebraciones. Una edición con introducción de Dominique Michelet y traducción de Leonardo López Luján.

Un alto porcentaje del centenar y medio de "Revistas-Libro" que hemos publicado y de los más de trescientos libros en 38 años incluye autores y temas franceses, o en ellos se utilizan conceptos de análisis de autores clásicos franceses. Desde el número dedicado a "los espacios del Arte Mexicano", análisis de los ámbitos prehispánicos, virreinales y contemporáneos, vistos por primera vez desde una actitud que algunos han llamado "bachelardiana", hasta los análisis rigurosos de la comida mexicana y los rituales de la muerte, gracias al Ensayo sobre el Don, de Marcel Mauss, donde el concepto del exceso y del tejido social ritualmente reparado ayudan a comprender dimensiones de lo mexicano popular muy poco exploradas anteriormente. Todo esto, junto con otros conceptos que guían la labor de Artes de México, son aportaciones a la comprensión del México profundo. Es extraño que, siendo tan popular la lucha libre enmascarada en México, y con un origen tan evidentemente francés, nadie haya analizado a profundidad su doble naturaleza simultánea de ser representación sin ser falsedad. Paradoja en la que ya penetró Roland Barthes desde los años cincuenta en sus Mitologías.

Menciono estos asideros, aclarando que lo que hacemos no son aplicaciones mecánicas como epígonos de esos pensadores. En cada caso y en cada realidad tratamos de ir más allá y penetrar con mayor precisión en la particularidad de cada fenómeno. Tal vez por eso no es tan evidente para algunos lo que hacemos. Partimos de preguntas que consideramos claves y para las cuales no tenemos respuestas, y las respondemos con instrumentos variados, adecuados cada vez a nuestras manos, a nuestras realidades. Y muchos de esos instrumentos fueron forjados o reinventados en Francia. Ahora, muy a la francesa, iniciamos una colección de libros que sintetizan las aportaciones de Artes de México a la comprensión de la cultura mexicana llamada LosIndispensables.

Aquí vale la pena recordar que la cultura francesa, como cualquiera que se precie verdaderamente de serlo, es un crisol de culturas anteriores y simultáneas. La "pureza franco francesa" no existe. Como no existe ninguna pureza al hablar de países e incluso de naciones. Una de las ventajas enormes que hemos tenido quienes hemos vivido muchos años y hemos continuado frecuentando Francia es haber sido expuestos a una variedad de culturas como no existe en ningún otro país. Recordemos solamente que, en los ochentas del siglo XX, el 38 por ciento de lo que se publicaba en Francia venía de muchas otras lenguas, mientras que, en Estados Unidos lo traducido de otras culturas era cerca del 4 por ciento. Es importante señalar que otra enseñanza francesa, al vivir en París, es la dimensión estética de la vida urbana cotidiana. Leer el texto urbano en todas sus dimensiones y variantes y transformaciones era y es una lección cultural que marca profundamente. Mencionamos disciplinas distintas, creativas y reflexivas; mencionamos culturas distintas, también la estética de la vida cotidiana, incluyendo la urbana. Porque no hay intercambio cultural que no sea multidimensional. Cuando se organiza una exposición, o la presentación de un libro, un verdadero intercambio debería usar esos eventos, en la medida de lo posible, como detonadores de muy variadas manifestaciones. Cuando en 2010 el Festival Lettres d'Automne, en la ciudad de Montauban, decidió dedicarme la vigésima edición de su evento, propuse multiplicar los días, y en vez de que fuera exclusivamente sobre mí como autor, se me permitiera presentar al público de Montauban, algunos de mis autores favoritos de diferentes culturas y algo del arte mexicano. Finalmente se realizó durante tres semanas en vez de diez días, y se presentaron cerca de 80 artistas de diferentes disciplinas. Elegí como lema: Eloge de l'ailleurs, que tiene varios significados : elogio de lo que está más allá, o de lo extranjero, o de lo que nos rebasa, o de lo que no conocemos todavía porque nuestras fronteras mentales, morales o sociales nos lo arrebatan. Elogio también de la libertad. Hubo obras de teatro escritas para el Festival, coreografías, conciertos inéditos, lecturas, reuniones con estudiantes de los liceos, de las universidades, de los centros de migrantes y hasta de las prisiones; concursos literarios y talleres. Montamos diez exposiciones. La más grande dedicada al arte ritual huichol, obra de un reconocido chamán de ese grupo indígena, fallecido hacía muy poco. Varias conferencias en su honor y visitas guiadas por especialistas. También otra exposición sobre la colección de fotografía más importante que se ha publicado en México, Luz Portátil, con 32 artistas en ella. Unos meses después, ya en plena cancelación oficial del año de México, la exposición fue mostrada en París desafiando la cancelación oficial, en la Maison de l'Amérique Latine. Tuvo un catálogo titulado: Luz Portátil: une aventure éditoriale dans la photographie mexicaine contemporaine. Mi ensayo de introducción se llamó : "L'Esprit de Montaigne, appareil photo en main." En esa ocasión se triplicó la exhibición desarrollando una sala dedicada íntegramente a Artes de México y otra a la fotografía etnográfica de Ruth Lechuga. Fue una acertada decisión visionaria de los directores de La Maison, considerando que esa obra fotográfica acaba de ser declarada por la Unesco Memoria del Mundo.

Como autor

He eludido la última parte de tu pregunta sobre las huellas de la cultura francesa también en mi obra de escritor. Menciono rápidamente cuatro de ellas. Desde luego, hay un vínculo entre mi desobediencia a las leyes y exigencias de los géneros literarios y la apertura que hay en Francia hacia la diversidad de escrituras. Es significativo, por ejemplo, que mi libro Nueve veces el asombro, fue publicado en Estados Unidos como Non-Fiction, en España como poesía y en Francia como novela. No pensé de antemano escribirlo en alguno de estos géneros, sólo en la necesidad de hacerlo y darle la mejor forma posible sin importarme cómo sería juzgada su pertenencia genérica. Cada libro mío es distinto y si se quiere pensar así, es un experimento formal. Una historia contada con materiales, muy diversos como Los sueños de la serpiente, es más fácil de describir como un collage. Si pienso en una cultura donde esta manera es mejor aceptada, pienso sin duda en Francia. No en Estados Unidos o Alemania.

Otro rasgo de mis libros es que son creados en diálogo con culturas muy diversas, de países muy distantes, por esa condición francesa de ser el mayor crisol de culturas del mundo. Hay en Francia críticos literarios que han encontrado en mis libros los hilos sutiles de la India Mogul y de la India Guyaratí, de la poesía de Vietnam, de la escritura andalusí del siglo XI con Ibn Arabí e Ibn Hazm, y su mística erótica del realismo poético de las novelas de Pasolini, del Nerval viajero delirante, del Rilke parisino con sus Cuadernos de Malte y su Rodin, la música de las novelas del primer Leonard Cohen. No es algo que está contenido en algún texto francés, sino algo que Francia permite y que está presente de diferentes maneras en escritores franceses, lo mismo en Emanuel Carrère, que en Jean Claude Carriere, en Le Clézio como en André Velter o Claude Michel Cluny, sin que ninguno se parezca entre sí.

Otra libertad y desafío que me viene de la huella francesa en mis libros es el reto constante de tener una palabra autónoma. Lo explico en mi ensayo "Una invención indómita", sobre la aportación de Montaigne en diálogo con su amigo Étienne de La Boétie, autor del Discurso sobre la servidumbre voluntaria. El antídoto contra los entornos totalitarios sigue siendo la duda sistemática y la reflexión. Huir del fácilismo del compromiso a la Sartre para ejercer eso que se llama un deber de inteligencia, de inteligir, de reflexionar para comprender. En Francia asumí el reto de no ser epígono de ninguno de mis maestros, por más que los admirara y haya aprendido de ellos enormidades : Ni Gilles Deleuze, ni Roland Barthes ni Jacques Rancière, ni Kostas Papaioannou ni Kundera están en mi escritura de manera evidente. Sin embargo, sus ideas son para mí cajas de resonancia que me ayudaron a pensar y sentir. Y siempre, seguir reflexionando en cada situación.

No menos importante en todos mis libros es la huella de los feminismos de los años setentas y ochentas que tuvieron en París un centro mundial muy importante tanto de reflexión intensa, de textos claves y mujeres asombrosas, como de transformación de la vida cotidiana. Y en esas vivencias francesas, llenas de macro y microfeminismos, gracias a Margarita de Orellana y su impulso y entorno y obra en París, aprendí de las mujeres otra manera de sentir y pensar el mundo. Gracias a esos años compartidos en Francia y luego en Marruecos, mi voz literaria es una escucha permanente del deseo ajeno, sobre todo femenino, una atención sostenida a sus voces y sus cuerpos hablando siempre hasta en silencio, y una contención sin excusas de lo mal aprendido como hombre desde la infancia. La búsqueda, sin concesiones, de otra sensibilidad, que es finalmente el tema de todos mis libros.

Soluciones para mejorar nuestras relaciones artísticas bilaterales. Una utopía en diez pasos improbables :

1. Conocernos mejor en todos los sentidos. Con pasión y reflexión. Con voluntad tenaz y medios siempre accesibles para hacerlo. Que artistas y promotores franceses y mexicanos al reunirnos brindemos siempre: "A nos amours". Principio pasional.

2. Ir mucho más allá de las barreras e indiferencias diplomáticas, que son finalmente actitud más ignorancia. La cultura es algo muy importante como para dejarla exclusivamente en manos de políticos que deben apoyarla pero sin limitarla. Principio clandestino.

3. Incentivar las residencias creativas, no sólo los estudios en ambos países. Principio de ver para creer.

4. Aprender del otro en su historia, todo lo que tiene que ver con leyes e instituciones que favorezcan la creatividad, la circulación de creaciones diversas (libros, arte, representaciones, bibliotecas, etc.) y la conservación y difusión del patrimonio respectivamente. Por ejemplo aquello que en Francia se llamó "la excepción cultural" revisitada y modernizada, lo mismo que de este lado aquello que se llamó el Fondo Nacional para la Creación Artística, FONCA. Principio de Revivir instituciones.

5. Que vuelva a existir un Consejo Estratégico Franco Mexicano, pero dedicado exclusivamente a la cultura, con la inclusión de empresas mecenas de ambos lados que dediquen un porcentaje de sus ganancias en cada país a la cultura binacional, transnacional o simplemente nacional. Principio de generosidad inteligente.

6. Que así como existe una tarifa super especial para enviar libros de Francia a México existiera lo correspondiente de México a Francia. Y que fuera el principio de un Mercado de Libre Comercio cultural entre ambos países. Principio de libertad a la mano.

7. Que lo mismo aplicara a los derechos de las creaciones audiovisuales y que suscribirse a streamings franceses fuera como hacerlo a algunos legales aquí. Así saldríamos de la superficialidad de Netflix. O que se creara el Netflix Francés, incluyendo producción de películas o series. Principio de libertad en los ojos.

8. Que se active de manera binacional un programa para dotar con un acceso virtual excelente a la Biblioteca Paul Rivet, que durante décadas estuvo en el IFAL y fue donada por la Embajada de Francia a la Biblioteca Estatal de Jalisco Juan José Arreola. Que se dé libre acceso en persona y en línea a las obras dentro del inventario de las bodegas de arte de Francia y de México, así como a sus sistemas nacionales de bibliotecas. Principio de saber y sabor en los ojos.

9. Que tanto creadores como organizadores tengan la voluntad de que cada evento se convierta en varios. Principio de la multiplicación de los peces.

10. Que cada diplomático francés destinado a México, y cada mexicano destinado a Francia, estudien las ediciones de Artes de México, entre otros puntos de partida. Principio de alfabetización transcultural elemental.


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