La importancia de este diminuto estado es inmensa, enorme en el mundo del toro, en la cultura de la tauromaquia y en la historia de México. Taurinamente hablando, es un mundo aparte; me encanta Tlaxcala porque tiene su ideología, sus costumbres, sus ídolos y sus códigos. Además, tiene una de las plazas más bellas del país, si no es que la más, con el campanario del exconvento franciscano de Nuestra Señora de la Asunción —cuyo templo, del siglo XVI, es hoy la Catedral de Tlaxcala—, imponente, con privilegiada vista hacia el ruedo de la Ranchero Aguilar. Otra curiosidad es que es de los pocos campanarios que se encuentran separados del cuerpo del templo.
Precisamente ahí, en ese coqueto y torero rincón de la capital tlaxcalteca, este sábado dará comienzo su tradicional Feria del Día de Muertos con cuatro festejos de categoría.
La empresa Redondeles, que ha irrumpido con fuerza en el panorama taurino nacional, es la encargada de organizar el serial y lo ha hecho con talento, buen gusto y afición.
Vivir una corrida de toros en Tlaxcala capital es una experiencia distinta que comienza desde la belleza arquitectónica del zócalo, su jardín, los cuatro costados que lo rodean, los cafés y restaurantes aledaños, el hotel de los toreros y ese ambiente de tarde de toros único que ilusiona y nos hace viajar kilómetros.
El cartel inaugural tiene grandes alicientes para recorrer este sábado 24 los 120 kilómetros que separan la CDMX de Tlaxcala. Debido al ayuno taurino capitalino, consecuencia de la absurda imposición reglamentaria provocada por la incapaz, resentida y poco seria Clara Brugada y la parvada de los verdes encabezada por Chuchito Sesma, una vergüenza nacional, un gran número de capitalinos haremos el viaje a Tlaxcala.
Encabeza el cartel José Luis Angelino, torero tlaxcalteca de enorme capacidad y oficio, quien dice adiós a la profesión en activo, pero no a la tauromaquia. Debutó como novillero en Huamantla en 1996, con el debut empresarial de Promotoro —¡qué tiempos aquellos!—, así que para mí será un gusto estar ahí en el adiós de un muy buen torero, extraordinario tentador, buen hombre y mejor taurino.
Comparte cartel ni más ni menos que con Diego Silveti, torero de dinastía que está en su mejor momento, asolerado, con reposo y disfrutando cada tarde y cada toro. Cierra cartel el sevillano Juan Ortega, un torero fino, capaz de detener el tiempo y cuyas maneras evocan otras épocas: sus andares, su vestir y, sobre todo, su estética y su valor para hacer el toreo que gusta en México.
Por si fuera poco, se jugará un encierro bien presentado de la ganadería de Las Huertas, propiedad de Rodrigo Barroso, hombre apasionado de la bravura, del toro y del linaje que le precede como ganadero, así que todo pinta para que vivamos un sábado inolvidable.
Para rematar, el domingo nos regresamos por Texcoco y hacemos escala obligada en Cinco Villas, que presenta la Corrida del Arte con Juan Ortega, quien se ha enamorado de México, de su afición, de su toro y de sus formas. Alternará con Luis David Adame, que pasa por un gran momento, y con Arturo Gilio, en quien será interesante ver la evolución que ha conseguido al estar bajo la tutela artística de un gran torero como José Antonio Carretero. Este par de jóvenes tiene gran capacidad y estoy seguro de que será un agarrón de escándalo. El encierro de Montecristo, propiedad de don Germán Mercado, es garantía para un domingo pletórico de emociones.
Hasta el 14 de noviembre, Tlaxcala acapara gran parte de la atención taurina con carteles rematados de figuras nacionales y extranjeras alternando con toreros jóvenes. Llenemos las plazas, así defendemos nuestra libertad.
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