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El director y escritor Francisco Aurelio Sánchez relata en Monster Promise, la historia de un niño de diez años, Petit, quien, para refugiarse del entorno violento de un país asolado por el narcotráfico, se remonta en su memoria y el propio pasado. La mirada infantil sirve de pretexto para alejarse de ciertos tópicos remarcados en las obras de ficción sobre el crimen en México.

“El reto que nosotros tuvimos ahí fue que intentamos todo el tiempo alejarnos lo más posible de los lugares comunes del narcotráfico. En México se hacen muchísimas historias sobre el narcotráfico, series de televisión, incluso obras de teatro que hablan desde la exposición espectacular de la violencia. Lo que intentamos en Monster Promise es abordar esa violencia desde la relación que tienen los personajes entre ellos, con el espacio o consigo mismos, no desde el lugar común de este sujeto violento y malvado por esa violencia que ejerce. Fue, más bien, intentar encontrar las contradicciones o paradojas que habitan los personajes dentro de este universo”, afirma Sánchez, en entrevista.

A pesar de la perspectiva infantil y la incursión en terrenos de la imaginación, no es una obra para adolescentes o niños. Es, en su exploración de la violencia, una obra que transcurre en varios niveles narrativos: el mundo del niño que huye del brazo armado del narcotráfico confluye con lo que queda del dormitorio donde alguna vez, años atrás, él soñó y jugó de la mano de un amigo imaginario.

“Todo esto partió de investigaciones que estuvimos haciendo, la revisión de notas periodísticas sobre niños tomados para unirse al brazo del narcotráfico en México y estudios que intentan ver desde otro lugar a los niños o a los jóvenes ya que intentan huir del brazo armado y son juzgados como narcotráficantes, que voluntariamente se unieron a ese brazo, y no como seres a los que se les robó vida para poder llevar a cabo esta acción violenta”, continúa.

Una de las cuestiones que más le interesó al director fue la exploración de un mismo sitio bajo contextos dife rentes. En el caso de Petit se trata del trastocamiento del vínculo con el espacio físico, el lugar seguro de la infancia: “Porque ahora está atravesado por la violencia que ha vivido e imagina y ve y se relaciona con el mundo a partir de esa herida violenta que le tocó vivir. En ese sentido, la imaginación y el juego son dos acciones y dos conceptos clave que quisimos trabajar. Por eso, parece que suena a fantasía o a un mundo onírico, mágico, pero no lo es. Está más cerca del terreno de lo imaginado, lo imaginario, la imaginación infantil”.

No menos importante fue la búsqueda de un discurso de esperanza, mostrado al público a través de ese lugar imaginado, ese asidero o salvavidas con el que el niño intenta sobrellevar la realidad. “Porque es el lugar más suyo que no le han terminado de arrebatar”, explica Sánchez y añade: aunque su mundo ya es otro, continuamente Petit insiste en preservar una parte, que éste no sea entregado por completo a la violencia que le ha quitado, incluso antes de llegar a ser un adolescente, buena parte de su vida.

Así como la obra despliega varios niveles narrativos, también hay diversos formatos que se exploran. A los actores los acompañan títeres de sombra, la personificación de las fantasías y el recuerdos de las voces de su infancia. Monster Promise puede verse hasta el 3 de octubre, los jueves y viernes, a las 20:00 horas, sábados, 19:00, y domingos, 18:00, en el Teatro Santa Catarina (Jardín Santa Catarina 10, Coyoacán). En el elenco están los actores Amaury Sérbulo, Leonardo Zamudio y Andrea Ruiz, quien se encarga de los títeres de sombra.

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