Por Dante Rojas Pedrizco
Todos tenemos alguna botella guardada para una ocasión especial. Un cumpleaños, una visita importante, una buena noticia que tarda en llegar. A veces pasa tanto tiempo que terminamos olvidando que la guardamos.
Durante la inauguración del sexto Festival del Vino Queretano, Adolfo Colín Sánchez, secretario de Desarrollo Económico de Corregidora, lanzó una recomendación bastante sensata: no hay que esperar tanto para abrir un buen vino.
Contó que los domingos acostumbra a reunirse con su familia y que han comenzado a explorar los vinos de Querétaro. Una buena conversación, algo de comer y una botella para compartir. Sin complicaciones.
La anécdota cayó bien durante la ceremonia del viernes 16 de octubre, en el Hípico de Balvanera. Y, pensándolo un poco, resume uno de los cambios que busca la industria vitivinícola mexicana: que sus vinos formen parte de nuestra vida cotidiana.
Porque sí, México produce muy buenos vinos. Y Querétaro es muestra degustable de ello. Lo interesante es que ahora también quiere que viajemos para conocerlos.
Querétaro tiene mucho que contar
Aquí las vides crecen a alturas cercanas a los dos mil metros sobre el nivel del mar, en terrenos donde el clima suele poner a prueba hasta al productor más experimentado.
El semidesierto queretano puede parecer un sitio poco probable para cultivar uvas destinadas a elaborar vino. Hay temporadas de lluvia, cambios bruscos de temperatura, heladas y hasta granizadas capaces de arruinar meses de trabajo.
Sin embargo, precisamente esas condiciones han obligado a los vitivinicultores a desarrollar técnicas y conocimientos propios. La altura y las diferencias de temperatura entre el día y la noche intervienen en la maduración de la uva, y cada productor debe aprender a trabajar con las particularidades de su terreno.
En la región hay nombres que llevan décadas formando parte de la historia, como Sala Vivé by Freixenet, La Redonda y Viñedos Azteca. Después llegaron más bodegas, algunas pequeñas y familiares, otras con instalaciones modernas, restaurantes, hoteles y experiencias para visitantes.
Adriana Vega Vázquez Mellado, secretaria de Turismo del estado, recordó durante la inauguración cómo fueron creciendo estos proyectos. Su intervención tuvo un tono cercano, casi familiar, al hablar de las primeras bodegas y de las personas con las que el sector turístico queretano aprendió a trabajar.
Actualmente, el catálogo regional supera las 350 etiquetas, con espumosos, blancos, rosados y tintos que permiten descubrir la diversidad de sus viñedos.
Pero el verdadero cambio se nota cuando recorres la región. Hay sitios donde puedes comer frente a los cultivos, otros que ofrecen recorridos por sus cavas, talleres de cata, maridajes, conciertos y hasta hospedaje.
Por supuesto, todavía encontrarás lugares donde el vino se toma con cierta ceremonia. Pero también puedes sentarte a disfrutar una copa sin que nadie te examine sobre las notas de frutos rojos o el tiempo de crianza en barrica.
Y eso se agradece.
Una fiesta para probar, preguntar y descubrir
El Festival del Vino Queretano llegó este año a su sexta edición.
El sábado 17 y domingo 18, la celebración en la Plaza Gran Cué, en El Pueblito, Corregidora. Dónde el público pudo acercarse a los productos de 27 viñedos, seis queserías y nueve propuestas gastronómicas.
La entrada gratuita. Los alimentos, las bebidas y algunas actividades se pagan por separado.
La sede tiene su atractivo. El Pueblito conserva tradiciones y espacios históricos, y la plaza se encuentra en las inmediaciones de la zona arqueológica de El Cerrito, uno de los sitios prehispánicos más interesantes del estado.
Para quien llega de visita, el festival permite conocer una buena parte de la oferta vinícola queretana sin tener que recorrer decenas de kilómetros de bodega en bodega.
Foto: Dante Rojas
Puedes comenzar con un espumoso, probar después un blanco o preguntar por algún tinto que no conozcas. Incluso si nunca has participado en una cata, ahí puedes vivir la experiencia.
La comida también tiene su espacio. Quesos artesanales, charcutería y distintas preparaciones regionales acompañan las degustaciones. Además, el programa incluyó una batalla culinaria en la que cocineros queretanos compiteron con ingredientes sorpresa para preparar platillos y maridajes.
Este año se incorporó QROMA, Festival de Arte en Piso, con intervenciones artísticas y actividades culturales: Música, talleres y espectáculos durante el fin de semana.
Es una buena oportunidad para quienes viven cerca y todavía no conocen los viñedos de su propio estado. También para los viajeros que llegan desde Ciudad de México y otras localidades del Bajío y todo el país, pues en palabras de la secretaria de turismo del estado “Querétaro está a tres horas de todo México”.
Eso sí, si piensas probar varios vinos, mejor organiza tu transporte u hospedaje con anticipación. La experiencia se disfruta bastante más cuando nadie tiene que preocuparse.
Vino Q: cuando los productores se ponen de acuerdo
Uno de los momentos más interesantes de la inauguración fue la presentación de la séptima edición de Vino Q.
Quizá el nombre todavía no te resulte familiar. Se trata de un proyecto colectivo del Clúster Vitivinícola de Querétaro, en el que participan distintas bodegas para crear una etiqueta representativa de la región.
La idea tiene algo de extraordinario, sobre todo porque reúne a productores que normalmente compiten por conquistar al mismo consumidor.
El vino se convierte aquí en un trabajo compartido. Cada participante aporta conocimientos y experiencia para conseguir una propuesta común, sin perder la personalidad de las bodegas que la hacen posible.
Además, cada edición cuenta con una imagen artística diferente.
Durante la ceremonia, la creadora de la etiqueta de este año: Esmeralda Torres explicó que su obra está inspirada en los paisajes, colores y formas de la tierra queretana, lugares que conoce desde niña y que han acompañado su trabajo como pintora.
También encontró una semejanza entre pintar y elaborar vino. En ambos oficios hay que trabajar con las manos, tener paciencia y aprender a esperar.
Y vaya que el vino sabe de esperas.
Una cosecha puede depender de decisiones tomadas meses antes. Después vienen la fermentación, los cuidados en bodega y, según el tipo de vino, un periodo de crianza que puede prolongarse durante años.
Foto: Dante Rojas
No es muy distinto de lo que sucede con una obra artística: puedes tener una idea desde el principio, pero el resultado aparece mientras trabajas.
El proyecto Vino Q también ayuda a comprender algo importante sobre la industria queretana. Sus productores descubrieron que podían competir mejor si antes conseguían organizarse.
Hace aproximadamente 16 años comenzaron a fortalecer su asociación regional. Aquella iniciativa evolucionó hasta convertirse en una estructura que hoy impulsa actividades turísticas, promoción comercial, capacitación y proyectos conjuntos.
Uno de sus mayores logros llegó en 2025.
El reconocimiento que cambió las reglas
En marzo del año pasado, Querétaro obtuvo la primera Indicación Geográfica Protegida para vinos en México.
El reconocimiento, otorgado por el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial, establece una protección legal para los vinos que cumplan los requisitos de origen y elaboración definidos para la región.
Es algo parecido, aunque jurídicamente diferente, a lo que ocurre con las denominaciones de origen que conocemos en productos como el tequila o el mezcal.
La diferencia importa. Una indicación geográfica no es una medalla ni significa que cualquier vino queretano sea automáticamente mejor que otro producido en México. Es una forma de reconocer y proteger su procedencia, sus características y la relación del producto con el territorio.
Para conseguirla fue necesario estudiar suelos, condiciones climáticas, variedades de uva y procesos de producción. También hubo que alcanzar acuerdos entre productores, autoridades y especialistas.
Durante la inauguración, Eugenio Parrodi Wiechers, presidente del Clúster Vitivinícola de Querétaro, destacó ese esfuerzo de colaboración y recordó que el crecimiento de una bodega termina beneficiando a toda la región.
Foto: Dante Rojas
La indicación geográfica también puede ayudar a quienes buscan comercializar sus vinos fuera de México. Contar con reglas de origen reconocidas facilita presentar el producto en mercados donde el territorio tiene un peso importante en las decisiones de compra.
Y para el turista ofrece otra manera de aproximarse a una botella.
Cuando visites una bodega queretana, pregunta por las variedades que cultivan, las condiciones de su viñedo y los procesos que utilizan. Quizá descubras que dos vinos elaborados a pocos kilómetros de distancia pueden tener características sorprendentemente distintas.
Un brindis por quienes comenzaron
La noche en Balvanera también tuvo espacio para reconocer a quienes ayudaron a construir la industria.
Uno de los homenajeados fue Lluís Raventós Llopart, enólogo de origen catalán vinculado durante años con Sala Vivé by Freixenet México, una de las bodegas más conocidas de Querétaro.
Raventós ha dedicado buena parte de su carrera al desarrollo de la vitivinicultura y a la producción de espumosos, una especialidad que ha dado reconocimiento a la región.
Su experiencia también fue importante durante los trabajos técnicos para conseguir la indicación geográfica protegida.
Al recibir el homenaje, recordó con emoción los años que ha vivido en Querétaro junto con su familia, las personas con las que ha trabajado y todo lo aprendido durante ese tiempo.
También habló de los proyectos que todavía quedan por desarrollar y de la importancia de seguir impulsando a los productores queretanos.
Su historia ayuda a explicar por qué el estado ha conseguido buenos resultados en la elaboración de espumosos.
La técnica tradicional requiere realizar una segunda fermentación dentro de la botella. Después viene un proceso de reposo, manejo de sedimentos y otras operaciones que exigen precisión.
Foto de Kevin Kelly en Unsplash
En Sala Vivé, por ejemplo, las cavas subterráneas forman parte de la experiencia turística. Los visitantes pueden bajar a conocer el lugar donde reposan los vinos y descubrir cómo se desarrolla ese proceso.
Resulta curioso que una región conocida por su sol y su paisaje semidesértico haya encontrado una de sus especialidades varios metros bajo tierra.
Durante la inauguración también se mencionaron las más de 500 medallas que, según Adriana Vega, han conseguido los vinos de la región en diferentes competencias.
Son reconocimientos que hablan del desarrollo técnico de los productores. Aunque, para quien viaja, seguramente será mucho más interesante conocer sus historias directamente en las bodegas.
Querétaro se prepara para recibir al mundo
El próximo año, el estado será sede de la Cumbre Mundial de Enoturismo, organizada por la Organización Mundial de Enoturismo (OMET).
La reunión convocará a especialistas, productores, representantes de destinos vinícolas y profesionales del turismo para intercambiar experiencias sobre el desarrollo de esta actividad.
Querétaro fue elegido después de que el encuentro tuviera ediciones en destinos como Punta del Este, Uruguay; Yantai, China, y Beja, Portugal.
Para los productores locales es una oportunidad de mostrar lo que han conseguido. Para el sector turístico también representa un compromiso: recibir visitantes internacionales y demostrar que la experiencia queretana puede competir con la de regiones vinícolas que tienen una tradición mucho más larga.
El estado cuenta con algunas ventajas evidentes. Su ubicación permite llegar desde distintos puntos del centro de México; tiene infraestructura hotelera, gastronomía y una oferta cultural que se extiende bastante más allá de los viñedos.
Adriana Vega destacó precisamente esa conectividad durante una conversación sobre el crecimiento del turismo vinícola. Según explicó, Querétaro puede aprovechar su posición geográfica y la colaboración entre empresarios y autoridades para atraer nuevos visitantes.
Foto de Hermes Rivera en Unsplash
Las cifras oficiales ayudan a comprender el tamaño de la actividad. La región recibe anualmente más de un millón y medio de visitantes, y las estimaciones gubernamentales sitúan la derrama económica del enoturismo por encima de cuatro mil millones de pesos.
Ese dinero circula por muchos establecimientos. Hoteles, restaurantes, transportistas, guías, queserías y comercios encuentran oportunidades en los viajeros que llegan atraídos por el vino.
Claro que recibir a más personas no garantiza, por sí mismo, que todos esos negocios se beneficien de la misma manera. Hay que conseguir que el visitante permanezca más tiempo, explore distintas localidades y encuentre servicios que justifiquen regresar.
Y ahí viene una de las tareas más interesantes para Querétaro.
¿Cuántos visitantes puede recibir un viñedo?
Durante la conversación con Adriana Vega surgió una pregunta que vale la pena mantener presente rumbo a 2027: ¿cómo evitar que el crecimiento del turismo termine afectando los mismos lugares que busca promover?
La secretaria reconoció que el desafío consiste en mejorar las experiencias y cuidar la atención que reciben los visitantes. Su idea es que la gente disfrute los viñedos sin encontrarse con espacios saturados.
Habló de comenzar desde ahora con actividades que permitan observar la capacidad de los lugares y medir las cargas turísticas. También mencionó acciones educativas relacionadas con reciclaje y actividades para niñas y niños.
Es una preocupación razonable. Un viñedo sigue siendo un espacio agrícola, aunque tenga restaurante, tienda, terraza y recorridos turísticos. Las vides necesitan agua, cuidados y condiciones adecuadas para producir.
Recibir visitantes implica organizar estacionamientos, accesos, servicios sanitarios, manejo de residuos y consumo de recursos. Son cuestiones menos atractivas para una campaña publicitaria, pero indispensables cuando aumenta la afluencia.
Pensemos en una bodega pequeña donde el propietario todavía tiene tiempo de explicar cómo elabora sus vinos. Si mañana llegan cientos de personas al mismo tiempo, difícilmente podrá ofrecerles la misma atención.
Algo semejante ocurre con los pueblos cercanos. Las visitas pueden favorecer el comercio y generar empleos, pero también complicar la circulación y presionar servicios públicos que fueron diseñados para poblaciones mucho menores.
La secretaria planteó que la apuesta debería concentrarse en experiencias de calidad, sin buscar grandes concentraciones de visitantes como objetivo principal.
La intención resulta acertada. Falta conocer cómo se traducirá en medidas concretas, especialmente de cara a la cumbre internacional.
No se dieron a conocer capacidades máximas para los viñedos ni un programa detallado de gestión de visitantes. Por ahora, el asunto aparece como parte de los preparativos que deberán desarrollarse.
Querétaro tiene tiempo para trabajar en ello. Y sería deseable que la cumbre dejara mejoras permanentes en los servicios y en la organización de las rutas, además de la proyección internacional.
Un fin de semana para comenzar a conocer la ruta
Si nunca has visitado los viñedos de Querétaro, el festival puede ser una buena introducción.
Dedicar unas horas a las degustaciones, conocer productores, probar quesos y asistir a las actividades culturales. Pero vale la pena considerar un segundo viaje para conocer las bodegas directamente.
La región tiene recorridos que pasan por Tequisquiapan, Ezequiel Montes, San Juan del Río y otras localidades. Cada una ofrece razones para detenerse, desde la gastronomía hasta los paisajes y las tradiciones de sus comunidades.
Hay viñedos que conservan un ambiente campestre, otros con arquitectura contemporánea y establecimientos donde puedes pasar prácticamente todo el día.
Conviene revisar con anticipación los horarios, reservar los recorridos cuando sea necesario y preguntar qué incluye cada experiencia. No todas las bodegas funcionan de la misma manera ni tienen idénticas condiciones de acceso.
Y no hace falta organizar una visita demasiado complicada. A veces basta con elegir un par de viñedos, encontrar un buen lugar para comer y dejar que la conversación se alargue un poco.
Después de escuchar a productores y autoridades durante el Festival, queda claro que Querétaro tiene motivos para celebrar. Ha construido una industria reconocida, cuenta con vinos premiados y consiguió proteger legalmente su identidad regional.
Ahora se prepara para compartir esa experiencia con visitantes de todo el mundo.
Mientras llega 2027, hay algo bastante sencillo que podemos hacer: conocer lo que se produce aquí, hablar con quienes lo elaboran y probar las etiquetas que todavía nos resultan desconocidas.
Y si tienes una buena botella esperando en casa, quizá no necesitas esperar para abrirla.
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