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Washington.— El presidente estadounidense, Donald Trump, se convirtió oficialmente en el pato cojo, tras la derrota del Partido Republicano en las elecciones del medio término del martes.

La expresión, habitual en el argot político de Washington, describe a un presidente que no puede aspirar a la reelección y afronta la recta final de su mandato con una capacidad de influencia menguada, especialmente cuando tiene enfrente a un Congreso hostil.

Hasta el momento, los demócratas sumaban 54 escaños en el Senado, contra 44 republicanos, y aún pueden sumar uno en Alaska. En la Cámara de Representantes, acumulaban 237 asientos, contra 147 republicanos, y quedan pendientes por asignar 51. En gubernaturas, los demócratas también tienen mayoría, con 28.

Durante la jornada comenzaron las primeras caídas en el ala republicana. Mike Johnson, presidente de la Cámara de Representantes, renunciará a su cargo como líder republicano, confirmó su portavoz a la AFP.

El mandatario estadounidense admitió que la guerra que inició contra Irán el pasado febrero está detrás de la contundente derrota republicana debido al incremento que provocó en los precios de los combustibles. Al ser preguntado por las críticas vertidas por su vicepresidente, JD Vance, contra la guerra de Irán, Trump consideró que lo dicho por él “es, en gran medida, cierto”, porque el conflicto “provocó un ligero aumento en el precio de la gasolina”. Pero, añadió, “al mismo tiempo, si tuviera que volver a hacerlo, lo haría de nuevo, porque, a largo plazo, es la única solución. No se puede permitir que Irán tenga un arma nuclear”.

Las palabras de Trump, pronunciadas durante un acto para presentar las obras del Salón de Baile de la Casa Blanca, llegaron después de que Vance dijera en X: “La razón por la que perdimos es la guerra. El propio presidente lo dijo anoche”.

Hay varios factores que influyeron en la derrota republicana, pero los encabeza el mandatario, quien durante la campaña llamó a la gente a votar como si él estuviera en la boleta, aunque el martes se desmarcó.

Millones de electores usaron los comicios de medio término como un claro voto de castigo a la gestión del presidente en su segundo mandato, marcada por la inflación, el alto costo de vida, el aumento de los precios de los combustibles, el impopular conflicto con Irán, una dura estrategia antimigratoria y la guerra comercial. Pese a su intento de despegarse, Trump quedó como el mariscal de la derrota republicana.

También influyó el voto de los jóvenes, que se alejó de los republicanos. En 2024, los votantes menores de 30 años estuvieron divididos casi por igual entre Trump y la entonces vicepresidenta y candidata Kamala Harris. El martes, cerca de siete de cada 10 votantes de ese mismo grupo de edad a nivel nacional apoyaron al candidato demócrata a la cámara en su zona, según un sondeo de AP. La economía fue el pilar del descontento expresado en las urnas. El sondeo de AP entre miles de votantes evidenció un fuerte descontento con la situación del país y pesimismo respecto al futuro de EU, tal como mostraban las encuestas preelectorales.

“Honestamente, hay un solo culpable”, dijo Barrett Marson, estratega republicano de Arizona, a la cadena CNN. “Si no hubiera ocurrido la guerra, sería un ciclo electoral completamente distinto. Y una sola persona empezó esa guerra”, añadió, en alusión a Trump. A decir de los expertos, las elecciones marcan el momento en que los republicanos se distancien de Trump, si desean mantenerse con vida, de cara a 2028.

Vance y el secretario de Estado, Marco Rubio, son los nombres que marchan a la cabeza de las preferencias para dar la batalla republicana por la sucesión de Trump.

“Esto es mucho peor de lo que nadie habría esperado. Ruptura del Partido Republicano tal como lo conocemos actualmente. La Cámara de Representantes perdida hasta por lo menos 2030; el Senado, hasta 2032. Vance despidiéndose de 2028”, evaluó un exfuncionario de Trump citado por CNN. Incluso ayer, Trump dijo que desconoce si Vance aspirará a la candidatura presidencial republicana de 2028 para sucederlo.

Los triunfos de los candidatos demócratas no sólo les devolvieron el control del Senado y la Cámara Baja, sino que le arrebataron una parte central del poder de Trump para llevar adelante su agenda y bloquear cualquier intento opositor por hacerle frente. Al presidente, es cierto, aún le queda el poder de veto.

Agencias y La Nación/GDA

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