Noire aborda a un personaje que no ha tenido el reconocimiento debido en la recapitulación del movimiento por los derechos civiles en Estados Unidos. Esta instalación inmersiva, hecha por el estudio de animación parisina Novaya, ganó el premio a la Mejor Obra Inmersiva en el Festival de Cannes 2024 y puede verse hasta el 18 de octubre en la Galería Hermenegildo Bustos de la Universidad de Guanajuato como parte de la programación francesa del 54 Festival Internacional Cervantino (FIC).
El aplastante peso histórico sobre Claudette Colvin, la primera mujer afroamericana que se negó a levantarse de su asiento de autobús para cederlo a una mujer blanca, es expuesto en una pieza donde los espectadores pueden vivir en primera persona, mediante visores de realidad aumentada, la injusticia social —el encarcelamiento y la revictimización de Colvin por su embarazo adolescente— antes de desencadenarse un caso paralelo, emblemático: el de Rosa Parks.
El cofundador de Novaya, Pierre-Alain Giraud, habla sobre el impacto de la realidad aumentada en temáticas sociales y el libro homónimo de Tania de Montaigne que inspiró la pieza.
¿A qué creen que se debe que la historia de Claudette Colvin haya sido opacada por la de Rosa Parks?, ¿qué arroja la historia de Colvin frente a la de Parks?
Esa es precisamente la pregunta que atraviesa toda la obra que van a descubrir. Tania de Montaigne volvió a dar a conocer la historia de Claudette con su libro, publicado en 2015, y su trabajo también busca comprender por qué esa historia había quedado tan olvidada.
Se entrecruzan varias razones: se consideraba a Claudette demasiado joven, demasiado pobre y demasiado negra para encarnar una figura respetable del movimiento. Tenía quince años y procedía de un entorno muy pobre. Cuando hablamos con ella con motivo de la inauguración de la exposición en el Centre Pompidou, en 2023, nos confirmó la importancia que había tenido el color de su piel en esa exclusión. Rosa Parks tenía la piel más clara y una posición social menos precaria. Se la percibía como una figura más aceptable, especialmente a los ojos del público blanco.
El embarazo de Claudette también se utilizó para desacreditarla. Pero es importante recordar la cronología: ocurrió más tarde, después de que se negara a ceder su asiento y del primer juicio que siguió a su detención.
No se trata de restarle importancia a Rosa Parks, sino de comprender cómo se construye una figura histórica y por qué algunas personas permanecen en la sombra a pesar del papel decisivo que desempeñaron.
Imagino que parte del origen de esta obra fue que Colvin murió este año, ¿es acertado decir esto?
En realidad, el proyecto nació mucho antes. El libro de Tania de Montaigne se publicó en 2015. Después llegó la adaptación teatral de Stéphane Foenkinos, para la que realicé las proyecciones, y luego la instalación de realidad aumentada, estrenada en el Centre Pompidou en abril de 2023.
Claudette seguía viva en ese momento.
La instalación nació del deseo de prolongar el trabajo de Tania y de encontrar otra manera de transmitir esta historia. Mi experiencia previa con la realidad aumentada nos permitió imaginar cómo acercar al público a esos acontecimientos.
Su fallecimiento, en enero de 2026, da una resonancia particular a las presentaciones de este año. Nos recuerda la importancia de transmitir esta historia cuando sus protagonistas ya no están, pero no fue el origen de la obra.
Al enfrentar temas sociales, ¿qué consigue la realidad aumentada frente al documental o la lectura de un libro?, ¿cuál es el reto entre arte, tecnología e historia?
Cada lenguaje permite una relación diferente con una historia. El libro abre un espacio interior extraordinario. El documental trabaja con las imágenes, las voces y las huellas del mundo. La realidad aumentada nos permite explorar otra dimensión: la presencia de nuestro propio cuerpo en contacto con el relato.
En NOIRE, el visitante sigue viendo el espacio real y a las demás personas. Las figuras del pasado aparecen en ese mismo espacio. La segregación organizaba de manera muy concreta los lugares y los cuerpos: quién podía sentarse dónde, quién debía ceder su lugar. Esa dimensión espacial adquiere, por tanto, una fuerza particular en la instalación.
El reto es poner la tecnología al servicio de la narración. Una imagen espectacular no garantiza una comprensión más profunda. El texto de Tania, las interpretaciones, la puesta en escena y el sonido dan sentido a esa proximidad. La innovación nos interesa cuando permite contar algo de una manera que antes no era posible.
¿La búsqueda de experiencias en primera persona puede crear una falsa idea de identificación para quien es ajeno a lo que se expone?, ¿cómo enfrentan ese reto?
Tania recuperó una historia muy poco conocida y la convirtió en un relato de alcance universal. Hoy hemos presentado NOIRE en numerosos países, y esta historia de injusticia conecta con públicos muy diferentes.
En la instalación, el visitante acompaña a Claudette. Está a su lado, pero no se convierte en ella. La historia se desarrolla en su presencia, sin que pueda modificar su curso. Por tanto, sigue existiendo una distancia, incluso en esa gran proximidad con los personajes y los acontecimientos.
Lo que este relato permite abordar va más allá de la experiencia individual de Claudette: ¿qué significa ser considerado un objeto por los demás? ¿Cómo se llega a reducir a una persona al color de su piel, a asignarle un lugar y a negarle derechos? ¿Cuáles son los mecanismos que producen y perpetúan el racismo?
Estas preguntas tienen un alcance universal. Concebimos esta obra para explorarlas y hacer que se comprendan de una manera más viva, implicando al espectador en su encuentro con el relato. No se trata de hacerle creer que ha vivido la vida de Claudette, sino de permitirle comprender mejor, a su lado, los mecanismos de la injusticia que ella sufre.
¿Qué aspectos de Colvin toca la realidad aumentada que no se plasmen en el libro?, ¿qué añaden?
Añadimos, sobre todo, una forma de presencia. El libro de Tania es el fundamento de la obra. No se trata de corregirlo ni de completarlo con una verdad que solo la tecnología pudiera revelar.
La instalación traduce parte de esa escritura en relaciones entre cuerpos, voces y espacios. La proximidad de una figura, un silencio o la distancia entre dos personas pueden adquirir una fuerza particular cuando compartimos físicamente el lugar de una escena. La voz de Tania nos acompaña, mientras las imágenes y el sonido construyen otras dimensiones del relato.
También se crea una relación entre el pasado y el presente. Esas figuras tienen algo de fantasmas que vienen a habitar nuestro espacio. Su historia ya no está solamente «allá», en otra época. La pregunta pasa a ser: ¿qué vamos a hacer hoy con lo que acabamos de escuchar?
¿Siempre habrá algo que sea inaccesible para el espectador o esas barreras se rompen con la instalación que presentan?
Siempre habrá algo inaccesible, por supuesto. Pero esta forma de creación también permite superar otras barreras. Al presentar NOIRE en museos, festivales y otros espacios, podemos encontrarnos con públicos diferentes, incluidas personas que no suelen frecuentar las instituciones culturales. Esto crea oportunidades de encuentro en torno a una historia.
La propia experiencia es colectiva. Unas diez personas la descubren juntas, comparten un espacio y se van constituyendo como grupo. Seguimos viendo a los demás y tenemos que situarnos constantemente en relación con ellos, encontrar nuestro lugar en ese espacio común.
Así, mientras descubrimos la historia de Claudette, también creamos una pequeña historia compartida: la de ese momento vivido juntos. Esperamos que esta experiencia despierte el deseo de conversar después, de hablar de lo que hemos sentido y de transmitir, a nuestra vez, la historia de Claudette. El encuentro puede así prolongarse más allá de la instalación.
¿Cómo dialoga la historia de Colvin con las condiciones políticas de nuestra actualidad, un tiempo tan intolerante y xenófobo?
La historia de Claudette muestra cómo una sociedad puede convertir una injusticia en una regla cotidiana, hasta hacerla parecer normal. La segregación estaba inscrita en las leyes, pero también en los gestos, en los espacios y en lo que cada persona aceptaba sin cuestionarlo.
Sin establecer equivalencias automáticas entre épocas o países, esta historia nos invita a observar nuestro presente: ¿a quién se le niega un lugar? ¿Qué desigualdades terminamos aceptando? ¿Qué voces escuchamos y cuáles descartamos?
También nos recuerda que no hace falta ser una figura reconocida para actuar. Claudette era una adolescente. Su gesto formó parte de una lucha colectiva que transformó las condiciones de vida de muchas personas.
Presentar NOIRE en México permite compartir estas preguntas con otro público. No se trata de dictarle una lectura de su propia realidad, sino de abrir un espacio común de reflexión sobre los derechos y nuestra responsabilidad frente a cualquier forma de injusticia.
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