Nueve podios en una temporada bastarían para saldar la temporada de cualquier piloto, incluso en Fórmula 1. Sin embargo, muestran las dos caras de la moneda para un cuatro veces campeón del mundo: siempre parecerán poco viendo el estado del campeonato (quinto lugar a siete carreras del final del serial); pero, por otro lado, representan la resurrección de tres gigantes: volante, equipo y motorista.
El año comenzó con Red Bull fuera de forma y parecía que el campeonato sería un baile de dos entre Mercedes y Ferrari, con la clara superioridad del equipo alemán. Max parecía estar tanteando sus posibilidades fuera de RB, pero en agosto extendió su contrato hasta 2030. Algo detectó y, después de quejarse abiertamente del coche y del motor, bajó la cabeza y se puso a trabajar.
Tuvieron que pasar cinco carreras para que Max accediera al podio, con un tercer lugar en Canadá que pareció más un regalo por los retiros de George Russell, de Mercedes, y de Lando Norris, de McLaren, quienes calificaron por delante del sexto lugar de Verstappen. El RB22 estaba lejos de lo que el neerlandés quería, pero sus manos lo convirtieron en un coche de podio.
Entonces llegaron podios en circuitos muy distintos entre sí: Austria, Bélgica, Hungría, Italia, España y Azerbaiyán. Este último fue muy significativo porque Red Bull consiguió subir al podio con sus dos pilotos, algo que no se veía desde China 2024, cuando Max y Sergio “Checo” Pérez terminaron primero y tercero, respectivamente, representando también el primer doble podio de la era Red Bull-Ford.
Todo parecía confirmar el ascenso de Red Bull y así fue: pole y victoria en el GP de Baréin, en el circuito de Malasia, seguido de la repetición de la hazaña en la Sprint Race de este fin de semana en Singapur, demostrando que el trinomio Verstappen-Red Bull-Ford es, en este momento, una fórmula ganadora.
Varias primicias se encontraron en Malasia: primera victoria de Max en el año y lo más alto del podio desde Abu Dhabi 2025; primera también en la historia para Red Bull-Ford y, de paso, la primera para el motorista estadounidense en 23 años, desde el Gran Premio de Brasil de 2003, con Giancarlo Fisichella al mando de un Jordan-Ford.
La marca del óvalo azul puede considerar un éxito su temporada de regreso a la máxima categoría y concluir que la apuesta que hizo para hacerlo de la mano de Red Bull Powertrains fue la correcta, sobre todo al ver lo que está pasando con Cadillac y Audi: el primero, debutando con un equipo que parte de cero, y el segundo, construyéndose sobre la estructura suiza de Sauber.
Ahora, solo basta ver hasta dónde puede llegar este trinomio Verstappen-Red Bull-Ford en 2026. ¿Con nueve carreras por disputarse en lo que resta de la temporada podrían ser campeones del mundo todavía? Luce improbable; tendrían que sumar la totalidad de los puntos posibles (175) y que Mercedes no lograra más de 46 para sostener el título con Kimi Andrea Antonelli. Sin embargo, sí le pueden dar un susto tanto a McLaren como a Ferrari para ubicarse como segunda fuerza. Lo cierto es que, de seguir en esta línea ascendente, Red Bull puede ser el equipo a vencer en 2027.
@jorgedialogante
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