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El electorado latino, que representa el 31% de los votantes elegibles en Texas —prácticamente uno de cada tres votantes—, fue uno de los factores decisivos para que los demócratas conquistaran la gubernatura del estado y un escaño en el Senado federal. En este contexto, un equipo de futbol en Houston, Texas, sirve como punto de partida para conocer las motivaciones que llevaron a algunas personas de origen latino a participar —o no— en una de las elecciones de medio término más importantes en la historia reciente de Estados Unidos.

Henry

Henry apenas rebasa los treinta años, es hijo de salvadoreños y nació en Estados Unidos. Trabaja como chofer de una pipa que transporta material químico empleado en alguna etapa del proceso de extracción de petróleo en los alrededores de la ciudad de Houston, Texas.

En el equipo de futbol Henry, generalmente juega adelante, no es el mejor delantero, pero nadie puede quejarse de que no corre o no se esfuerza en la cancha. Como a todos los que alguna vez hemos jugado en esa posición, a él también se le han escapado goles cantados. Su constancia y temperamento, lo convierten en un compañero que siempre quieres tener en tu equipo.

Henry, generalmente llega rayando la hora del partido. Sin que se lo pregunte, me dice: “Ya casi no llego, pasé a dejar el camión, me bañé, me dormí un rato, agarré mi carro y me vine para acá”. Y es que la jornada de trabajo de Henry, como la de muchas personas, empieza en la madrugada.

Hace un par de meses coincidimos unos minutos antes de que iniciara el juego y nos pusimos a platicar. Considerando la proximidad de las elecciones, aproveché la ocasión y le hice algunas preguntas al respecto.

El tema del diésel no podía pasar desapercibido: “Está carísimo, lo bueno es que el camión no es mío, yo no pago el combustible”. Sin embargo, estaba consciente del impacto que tienen estas alzas. Respecto a la elección del gobernador, Henry me dijo con poco optimismo, que a pesar del descontento, las personas que viven en los lugares más aislados de Texas no dejarían de apoyar a los republicanos, “Pase lo que pase ellos apoyan a Abbott” (el gobernador y candidato republicano a la gubernatura de Texas).

Hasta el día de hoy, ignoro cuál fue su reacción ante el triunfo de la congresista Gina Hinojosa, la candidata demócrata al gobierno del estado, quien competía con Abbott, en las elecciones intermedias del 3 de noviembre. La razón es que no hemos coincidido en el campo de juego.

El día de las elecciones, el 3 de noviembre, aproveché para preguntarles a algunos compañeros de juego de origen mexicano o centroamericano —que yo suponía eran ciudadanos estadounidenses—, como era el caso de Henry, si habían ido a votar y cuál había sido su motivación.

Los que atendieron el llamado.

La “Bestia”

Uno de ellos, Erick, conocido como la “Bestia”, mexicano michoacano de nacimiento, que trabaja, también para la industria petrolera en Houston, me respondió que se acordó de que él “no era gringo ni judío, así que ir [a votar] no lo beneficiaba en nada”. He de confesar que no esperaba esa respuesta, sabía que no era gringo ni judío. En mi cabeza pensaba que esta elección era muy importante y que nadie querría perderse la oportunidad de votar.

“Santi”

Santiago es otro ciudadano estadounidense de origen salvadoreño. Santi, como todos le llamamos, se desaparece del equipo por largos períodos. Aún así, no deja de ocupar un lugar importante en el equipo al ser uno de los integrantes con más jerarquía. 

Respecto a su experiencia del 3 de noviembre, Santi expresó que sí había ido a votar. Su motivación fue, en sus palabras, “todo lo que estaba sucediendo en el país y en el estado también —Texas—”. Asimismo, manifestó su deseo de que su voto y el voto latino “sean una diferencia” y expresó su anheló de que la gente saliera a votar en estas elecciones de medio término, porque “saben que su voto es muy importante” en el contexto actual, en el que la comunidad latina es una de las que más sufren las consecuencias de las decisiones que ha tomado el actual gobierno.

También expresó su confianza en que “todo saldría bien”.  Respecto a la experiencia en las urnas, Santiago no tuvo ningún contratiempo: “Todo fue rápido y seguro”.

“Palomo”

Alán es mejor conocido en el equipo por su apellido: Palomo. Es un joven que apenas rebasa los 25 años, originario de la ciudad de Monterrey, que llegó a Estados Unidos siendo un niño, a pesar de que ya es ciudadano su amor y cierta nostalgia por su ciudad natal y por su equipo de futbol, los Rayados del Monterrey, se mantienen intactos. Aún recuerda con emoción, que siendo todavía niño, su tío lo llevó a un partido de la selección mexicana que jugaba contra Colombia en el estadio Universitario.

Palomo contestó mi mensaje con una respuesta telegráfica: “Sí, fui a votar”. Le di las gracias, y como tenemos confianza, le pedí que me diera detalles de su participación. En su nueva respuesta, ahora sí me dio santo y seña de su experiencia.

Con su tono de voz de chicano-regio, Palomo contó que esta fue la primera vez que ejercía su derecho al voto, su justificación era: “no me gusta meterme mucho en política”. Esta apatía la relaciona con el incumplimiento de las promesas que hacen los políticos durante sus campañas una vez que son elegidos para el cargo al que aspiran: “Así es aquí y en todo el mundo, por eso no me gusta meterme mucho en política”

Palomo confesó que en esta ocasión, su principal motivación para asistir a las urnas no fue la política migratoria de Trump, ni la inflación y el alza de los combustibles, ni la guerra contra Irán, sino el amor: su novia. “Aimée, me dijo: ¡Vamos! que tu voto importa”. Con base en ese argumento decidió votar por todos, “¿Cómo se llaman los que ganaron?”, se pregunta, para luego contestarse:  “Ah sí, los demócratas, James Talarico y, se me fue el nombre de la otra: Gina algo”. Alán se refería a Gina Hinojosa, la nueva gobernadora de Texas, que entrará en funciones en enero de 2027.

Palomo enfatizó varias veces que él no se metía mucho en política. Esta frase funcionaba como pararrayos, pues parecía que se sintiera un poco avergonzado y juzgado al mostrarse como una persona interesada en la política —en una entrevista posterior, quedaría claro que en realidad tenía un interés genuino por el tema—. Instantes después expresó que Aimée le había platicado “un poco de lo que eran las propuestas y de lo que habían hecho los candidatos que apoyó. Me dijo que James Talarico, había impulsado una ley en el estado para bajar el precio de la insulina, de 600 dólares, y la bajó a 37 dólares al mes. En eso y en el tema de la educación estoy de acuerdo”.

Y es verdad, James Talarico, como congresista, impulsó una legislación para disminuir el precio de la insulina para las personas que cuentan con seguro médico de los 684 dólares que pagó él la primera vez a 25, como bien decía Aimée. Algo que poca gente sabía era que Talarico, en algún momento de su vida, fue diagnosticado con diabetes tipo 1.

Otro aspecto interesante es que, si bien en su decisión de participar en las elecciones había influido Aimée, había otros aspectos con los que Alán no estaba muy de acuerdo, una visión que compartía con algunos de sus compañeros de trabajo. En este caso se referían a la supuesta “propuesta” demócrata de establecer baños unisex —mixtos—, Palomo se preguntaba: “¿Cómo va a ser eso?. Con esa cosa no estoy de acuerdo”.

En este punto, es interesante ver cómo la campaña negra que impulsaron los republicanos a través de los Comités de Acción Política —PAC por sus siglas en inglés— conservadores permeó en las personas. Uno de los temas con los que más se atacaba a los candidatos demócratas en Texas —quiero suponer que así también fue a nivel nacional— tenía que ver con aspectos relacionados con las políticas y los programas de Equidad, Diversidad e Inclusión –DEI por sus siglas en inglés–,  a los que sus detractores califican de “woke”.

Finalmente, Palomo concluye su mensaje reiterando  —como si no hubiera quedado claro— que a él no le interesa la política y que su participación obedeció más a la influencia de su pareja. 

El “Cato”

En la cancha escuchaba que le gritaban “Gato”. Me acerqué al “Pastor”, un veracruzano que rebasa los 50 años, que cuando lo conocí no faltaba a los juegos, y le pregunté por qué le decían “Gato” a Daniel. Me respondió: “No es gato sino “cato”. En el momento asocié el nombre al personaje de Bruce Lee en la serie del Avispón verde, donde el peleador de artes marciales fungía como chofer-mayordomo de un nepobaby llamado Britt Reid quien —al más puro estilo de Emilio Azcarraga o Ricardo Salinas Pliego— heredó la fortuna de su padre, un empresario dueño del “El Centinela”, el diario más importante de la ciudad. Cuando Reid no se daba la vida de playboy combatía el crimen con su fiel escudero. En la serie, Bruce Lee interpretaba a “Kato”, y en realidad era el único atractivo del programa, porque a diferencia de su jefe, que con pistola en mano y uno que otro golpe amedrentaba a sus rivales, Lee lo hacía a base de puro “patada y trompón”.

Por más que lo intentaba, no lograba asociar ningún rastro de “Kato” con Daniel. Nuevamente recurrí al “Pastor”, ¿Por qué “Kato”?, le pregunté. La razón eran los jerseys de Cristiano Ronaldo que en un tiempo utilizaba Daniel. “Como en el mundo del futbol ya existe un “Cristiano”, en el equipo no nos quisimos quedar atrás y nosotros decidimos tener un: “Católico”. Así que no era Kato, sino Cato.

Daniel, en cada juego, luce orgulloso un jersey del Real Madrid diferente, blanco, verde, con el nombre de Kaka o Ramos estampado en la espalda. El “Cato-lico” es ciudadano estadounidense de nacimiento, su familia es originaria de Guatemala y trabaja de recepcionista en un hotel de la ciudad.

Platicando con el “Cato”, dos días después de las elecciones, me dijo que él había votado por algunos demócratas y por algunos republicanos. Cuando le pregunté por qué había votado de esa manera, contestó que si bien estaba en contra de los operativos del ICE, pensaba que era necesario tener un control. Un poco a la defensiva me dijo que él:  “no estaba en contra de los migrantes, que él estaba a favor de que llegaran personas que ayudaran al país”. Sin  embargo, —en consonancia con el discurso de Trump—, consideraba que durante la administración de Joe Biden, entraron al país criminales. “No como dicen, pon tu que de unas 30 personas, unos 3 o 4 si lo eran”.

Naturalmente, lo expresado por este pequeño número de personas, no puede considerarse como la posición de todos los latinos. El ejercicio solo es una pequeña muestra de los distintos puntos de vista y percepciones que tienen, particularmente, algunas personas de origen mexicano o centroamericano, una visión que seguramente contrasta con la de otras personas de ese mismo origen o con la de quienes tienen otros orígenes, como son los cubanos, los venezolanos, los colombianos, los argentinos y los ecuatorianos —estas cuatro últimas nacionalidades también presentes en el equipo de futbol— en Estados Unidos.

La diferencia la hace la educación: Aimée

Sin embargo, el hallazgo más interesante, que se produjo de forma casual, fue conocer el punto de vista de Aimée, esta joven que apenas rebasa los veinte años, una especie de Pepé Grillo para Palomo, su pareja, a quien acompaña cada vez que puede a sus juegos de futbol —Alán, a cambio, va con ella a sus juegos de voleibol—.

Aimée, en cierta forma representa al votante que realmente hizo posible que una parte importante del voto latino hiciera la diferencia para que ganaran Gina Hinojosa y James Talarico. El trabajo que desempeñaron los jóvenes universitarios latinos —como Aimée— para concientizar a las familias y transmitir la importancia que tiene el voto de la comunidad latina fue clave en esta victoria.

En la plática que tuve con ella y con Alán,  Aimée nos hizo ver que conocía las propuestas de Talarico e Hinojosa. Ambos candidatos compartían una agenda común en materia de educación, salud, economía y migración. Y no solo eso: conocía la historia de vida de los candidatos. En el caso de James Talarico, Aimée nos contó un pasaje trascendental  en la vida de este último, que lo llevó a abandonar su labor como docente e iniciar su carrera en la política.

Aquí tengo otra, este es el campo de juego, en la Universidad de Rice en Houston.

En esa historia, Talarico, en su etapa de profesor de secundaria, cuenta la experiencia que tuvo con un estudiante catalogado como un chico “problema”. Su comportamiento y rendimiento —como sucede en muchos casos— estaban relacionados con el contexto familiar y social en que creció. Talarico logró que la escuela le asignará un “tutor”, un especialista que apoyó al estudiante a salir adelante. El cambio en el estudiante fue radical. Sin embargo, los recortes presupuestales a la escuela, hicieron que este trabajador perdiera su empleo. Sin ese apoyo, el chico no logró salir adelante y fue expulsado de la escuela. Esta frustración e impotencia,  fueron el acicate para que Talarico, quien también es seminarista presbiteriano, iniciara su carrera política.

Cuando circuló esta historia, mucha gente se identificó con ella. En cierta forma asociaron a Talarico y a Hinojosa —quien también tiene una historia relacionada a la educación pública en Texas, pues encabezó un movimiento contra el cierre de la escuela a la que asistía su hijo debido también a los recortes presupuestales— con personas cercanas a ellos. La crisis que vive el sistema educativo en Texas, contrasta con la riqueza del estado, que es el lugar donde se asientan las compañías petroleras más grandes de Estados Unidos.

Otro aspecto a destacar, según Aimée, fue que a diferencia de los candidatos republicanos, los demócratas, recorrieron todo el estado, haciendo pequeñas reuniones para explicar sus propuestas, mientras que los republicanos centraron sus campañas en un círculo  muy restringido.

Otro elemento en el que se distinguieron demócratas y republicanos fue la desigualdad en el financiamiento de las campañas. Mientras que Ken Paxton, candidato republicano al Senado, recibió más de 200 millones para su campaña de Elon Musk, Talarico estableció un límite para las donaciones que la gente podía hacer. Este aspecto fue interpretado como una señal de que, mientras Paxton era financiado por los billonarios, a Talarico lo financiaba la gente —aunque también recibió algunos donativos millonarios; sin dinero es imposible hacer política en Estados Unidos—.

Aimée y Alán también recuerdan la trascendencia que ha tenido en la movilización de la comunidad latina, en Houston y a lo largo de todo Texas, el asesinato de Lorenzo Salgado Araujo, trabajador mexicano, esposo y padre de familia, quien fue asesinado por agentes del ICE el 7 de julio pasado. Ambos destacan precisamente el papel protagónico de los hijos de Lorenzo, en especial el de Rolando  —con quien coincidió Palomo en la escuela— quien, como Talarico, también es profesor de bachillerato. La lucha por justicia para el asesinato de su padre y de otros inmigrantes ha hecho que Ronaldo se convierta en una voz importante de la comunidad.

Y aunque aún falta mucho por hacer, este par de jóvenes está convencido de que esto puede ser el inicio de un movimiento político de la comunidad latina, históricamente golpeada y discriminada, que cada vez tenga mayor peso y sea más determinante en la vida política del país.

Como bien dice la canción de Pedro Navaja de Ruben Blades: “la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida”. Y así es cuando uno busca algo y encuentra algo mucho más valioso.

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