El proceso de Rafa Márquez al frente de la selección mexicana arrancó con el pie izquierdo. Sin lugar a dudas, la falta de experiencia del entrenador le ha pasado factura; sin embargo, hay otro aspecto que ha quedado en evidencia: la ausencia de talento en la selección. Ante ello, resurge la crítica al número de plazas que ocupan los jugadores extranjeros y su impacto en la formación de nuevos futbolistas mexicanos. Lo interesante es que hoy Brasil parece mirarse en el espejo del futbol mexicano
Texto: Rogelio López
Foto: Cuartoscuro
CIUDAD DE MÉXICO. – Pocas semanas después de que Rafael Márquez asumiera el cargo de entrenador de la selección nacional mexicana, un periodista le preguntó:
—¿La selección mexicana jugará como el Barcelona?
El michoacano respondió: «Me gustaría, pero no tengo la materia prima para hacerlo«.
Nadie criticó la respuesta. Al contrario, muchos estuvieron de acuerdo y, al mismo tiempo, comentaron que el entrenador debía sacar el máximo provecho de lo poco que se tenía.
El peor inicio para un proceso
Durante la Fecha FIFA, del 21 de septiembre al 6 de octubre, disputada en Estados Unidos, donde la selección mexicana prácticamente juega como local, el representativo nacional disputó un total de cuatro partidos. El saldo fue de dos empates —Colombia y Perú— y dos derrotas —ante Estados Unidos y Chile—.
De todos los juegos, el único partido en el que México mostró algunos aspectos positivos fue el primero, contra Colombia, donde Gilberto Mora, la joya de 17 años del futbol mexicano, anotó el gol del empate en una jugada espectacular. En los otros tres partidos, la selección exhibió un pobre desempeño.
Algunos analistas han mencionado que lo anterior se debió a importantes ausencias en la selección, entre ellas las de los goleadores del mundial Raúl Jiménez y Julián Quiñones. El primero, veterano de 35 años, difícilmente llegará al próximo Mundial debido a su edad; el segundo de ellos, Quiñones, jugador naturalizado mexicano nacido en Colombia. La tercera ausencia fue la de César Montes, defensa central y también mundialista.
Otros analistas, además de estas ausencias, apuntan a la falta de capacidad que mostró Rafael Márquez como entrenador de la selección mexicana. En estos partidos, el técnico evidenció su falta de experiencia y conocimiento en la manera de plantear los encuentros, realizar ajustes en el parado táctico e incluso en la forma de efectuar los cambios. Por ejemplo, contra Chile realizó cinco sustituciones al mismo tiempo.
Como vimos, evidentemente la selección mexicana no puede jugar como el Barcelona. Evidentemente, Rafael Márquez tampoco es Guardiola. Y, si bien cuatro partidos en el inicio de un proceso no pueden ser concluyentes para establecer la capacidad del entrenador, siempre es mejor empezar con el pie derecho.
El gremio del futbol cobija al entrenador
Rafael Márquez ha recibido múltiples críticas. Algunos han dicho que «está muy verde». Sin embargo, hasta el momento no he escuchado que alguien exija su renuncia. En los medios deportivos, se aboga por darle tiempo al proceso y ser pacientes con el exdefensa central y estrella del Barcelona.
Los partidos de esta Fecha FIFA tienen un carácter de amistosos y, comentaristas como Gabriel de Anda, exjugador del Santos de Torreón y comentarista de ESPN, el resultado realmente no importa. Otros, como su compañero, el Tuca Ferretti, exdirector técnico de los Tigres de la UANL y auxiliar técnico de la selección que dirigía Miguel Mejía Barón, sostiene que los entrenadores dependen de los resultados.
La mayor parte de los comentaristas, muchos de ellos exfutbolistas, tal vez como solidaridad gremial con el segundo mejor jugador mexicano de todos los tiempos, parecen desear que después de este tropiezo, Rafael Márquez aprenda la lección y tenga éxito en su cargo.
Otra perspectiva del análisis del desempeño de la selección mexicana en estos cuatro partidos se ha centrado en la calidad de los jugadores convocados. «Después de estos juegos, Rafa seguro ya se dio cuenta de qué jugadores pueden vestir el uniforme de la selección» ha sido un comentario generalizado en los medios.
Sin embargo, me llamó la atención la respuesta que dio nuevamente el Tuca en una de estas mesas de análisis. Quien dijo que el problema, en realidad, está en que no hay más jugadores, es lo que tenemos. Y preguntó: ¿de dónde quieren que saquemos más jugadores?
En esa mesa, algunos de los analistas le contestaron al Tuca que faltaban algunos jugadores —Jiménez, Quiñones, Montes—, pero que, en realidad, tenía razón.
El modelo europeo en América Latina
Al problema del entrenador hay que sumarle la falta de materia prima. ¿De dónde van a sacar más jugadores para la selección en una liga donde cada equipo de la Primera División —con excepción de las Chivas— puede tener hasta nueve jugadores no nacidos en México, entre extranjeros y naturalizados?
De tal forma que no es extraño ver partidos del torneo mexicano en los que, de los 22 jugadores que inician un encuentro, solo cuatro hayan nacido en México.
Esto parece ser una tendencia a nivel mundial. Basta con ver las alineaciones de un partido en la Premier League de Inglaterra, donde los jugadores ingleses también se han reducido a un pequeño porcentaje. Dos o, como máximo, tres jugadores por equipo en algunos casos. Algunos dirán: ¿cuál es el problema? Inglaterra, con todo y eso, fue tercer lugar en el Mundial. El caso de La Liga española no es muy distinto al de la Premier League, y España fue campeón del mundo.
La diferencia es que las ligas inglesa y española son consideradas como las dos mejores del mundo y es precisamente en estos torneos a donde llegan los mejores jugadores de todas partes del planeta.
El caso de Brasil
Un caso que ha llamado la atención en los últimos años es el futbol brasileño. Brasil, un país que históricamente ha sido el máximo exportador de jugadores en el mundo, atraviesa desde hace varios años una crisis que se manifiesta en su pobre funcionamiento y malos resultados en los últimos mundiales. La última vez que Brasil, con destellos del Jogo Bonito, fue campeón del mundo fue en 2002, en el mundial de Corea y Japón, cuando venció a Alemania.
Para el ciclo mundialista pasado, la federación brasileña de futbol tomó una decisión que habría sido impensable hace décadas: contratar a un entrenador extranjero para dirigir a la selección. De esta forma, Carlos Ancelotti, el prestigioso técnico italiano que ha dirigido y ganado las ligas más importantes del mundo y que es multicampeón de la UEFA Champions League —uno de los títulos más prestigiosos en el futbol mundial— con cinco títulos. Sin embargo, pese a todo este palmarés, la selección brasileña fue eliminada en los octavos de final del Mundial de 2026, mostrando un pobre desempeño.
Muchos culparon al técnico italiano, de quien decían «no conoce la idiosincrasia del jugador brasileño». Otros dijeron que la idiosincrasia del futbolista brasileño también había cambiado y atribuyeron parte de esta transformación al crecimiento del evangelismo en Brasil y a su influencia en los jugadores. Sin duda, un tema que será interesante analizar en una próxima entrega.
Sin embargo, hay un aspecto que ha pasado inadvertido: el futbol brasileño también se está llenando de jugadores extranjeros. Al igual que ocurre en México, aunque suene increíble, parece ser que para algunos empresarios brasileños también es más económico comprar jugadores que formarlos. De tal forma que, aunque parezca increíble, en las ligas de futbol del país que históricamente ha sido una de las grandes potencias exportadoras de jugadores, al igual que ocurre en México, pueden alinear hasta nueve jugadores extranjeros por equipo en un partido. Así, entre uruguayos, argentinos, colombianos, ecuatorianos, paraguayos y venezolanos, conforman los 160 futbolistas extranjeros en el futbol brasileño.
Si somos honestos, la calidad de jugadores extranjeros que pasan por el futbol brasileño suele ser superior a la de muchos de los que llegan a México. En el Brasileirao han jugado y rendido estrellas del futbol mundial como el argentino Carlos Tevez o el uruguayo Luis Suárez, por mencionar solo un par. De hecho, los sueldos que se pagan en ese país hacen que sea un destino muy atractivo para los futbolistas.
Ante esta situación, la Confederación Brasileña de Futbol ha aprobado una reducción paulatina en el número de plazas para extranjeros en los equipos, con el objetivo de pasar de los nueve actuales a cinco para 2030.
En el caso de nuestro país, México, la Federación Mexicana de Futbol —FMF— no ha hablado de reducir el número de plazas. Únicamente ha dicho que modificará los criterios de contratación y que adoptará medidas similares a las que rigen a la Premier League de Inglaterra, para buscar que los extranjeros que llegan a México tengan mayor calidad. Por ahora, el modelo de la Premier League solo se utiliza como para los ejercicios de gatopardismo que justifiquen que los cambios que impulsan se basan en criterios deportivos que ayuden a elevar la calidad del futbolista mexicano.
Al final, podemos decir que a Brasil, por lo menos, le queda el consuelo de ser el máximo campeón de los Mundiales, con cinco títulos. Sin embargo, en el caso de México, ya hasta se nos olvidó el «y si sí».
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