Guanajuato. —La doble moral en la forma en que la sociedad aborda el alcoholismo es uno de los ejes de En Addicto, monólogo de Thomas Quillardet que se presentó ayer en las Catacumbas Mesón de San Antonio en Guanajuato, como parte de la programación francesa del 54 Festival Internacional Cervantino.
El origen de En Addicto fue una residencia que hizo en un centro de rehabilitación de adicciones para dar talleres literarios, motivado por la forma en que la gente cuenta historias. “Es muy contraintuitivo ir a un hospital cuando uno no está enfermo, creo que tenía curiosidad, quizá porque sentí mucha empatía ante lo que vi, pero al mismo tiempo todo el tiempo tenía ganas de detenerlo”, indicó Quillardet a la prensa.
Las historias que cuenta en el monólogo son las de adictos al alcohol, a las drogas, al sexo y a ciertos químicos, como los poppers, que consumen en la comunidad queer. Todos, por cierto, fumaban.
El director y escritor abundó en que, a lo largo de los meses que duró la residencia, fue testigo de momentos dolorosos: las recaídas de gente que había conseguido dejar el alcohol durante varios años y que, por una pequeña situación en su vida, volvía a tomar: “Es algo muy triste”.
Detalló que las experiencias que plasma en escena fueron reescritas para dar paso a la ficción y la poesía. Sólo tres historias quedaron intactas en la obra, el resto fue una mezcla de testimonios y elementos en pos de la coherencia narrativa. Para respetar la privacidad de los pacientes cambió los nombres de los personajes.
“Hay muchas enfermedades en las que, cuando se sabe el diagnóstico, toda la comunidad se mueve, se conmociona, pero cuando alguien es alcohólico, los demás no lo ven de la misma forma”, añadió y contó que hubo casos en que los pacientes asistieron como público al espectáculo, acompañados de sus seres queridos para sensibilizarlos y persuadirlos de que la adicción es una enfermedad. La representación artística de sus vivencias, dijo, les sirvió para que sus familias tuvieran un elemento empático o compasivo frente a lo que estaban viviendo.
Escribir En Addicto hizo inevitable que Quillardet reflexionara sobre las deficiencias en el sistema de salud pública. “La sociedad no mira a los adictos, les evitan la mirada, como si fueran personas violentas (...) La droga se esconde, pero el alcohol está en todo. Yo no quería reclamarle al Estado, quería cambiar el camino. Es más importante que haya una crisis de conciencia en la intimidad de las familias al respecto para que la adicción deje de ser un tabú”. Así, Quillardet busca confrontar al espectador: hacerle preguntarse a qué es adicto y si eso tiene que ver con algún tipo de abandono no sanado.
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