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La magíster en Creación Literaria por la Universidad Pompeu Fabra (España) y ganadora del Premio Nacional de Libro de Cuentos Julio Paredes 2025 (Colombia) por Encuentros con el suelo, Mariantuá Correa (Barranquilla, 1992), regresa a México después de su novela debut Ciudad láser, publicada por Almadía en 2024. Será una de las invitadas en la próxima Feria Internacional del Libro de Guadalajara, donde participará en el vigésimo Encuentro Internacional de Cuentistas que reunirá a diez autoras y autores de la narrativa breve de nueve países.

Mariantuá Correa estará en una de las primeras mesas del encuentro, junto a la escritora cubana Elaine Vilar Madruga, el peruano J. J. Maldonado y el mexicano Hiram Ruvalcaba, moderados por Alberto Chimal.

Originaria de Barranquilla y criada en Bogotá, Mariantuá Correa se formó como abogada. Por un tiempo se dedicó a litigar, ahora escribe.

En entrevista, la autora habla de su más reciente libro Encuentros con el suelo (Almadía, 2026), que incluye ocho historias que son pregunta e inquietud para una protagonista que necesita "encontrar un lugar propio, algo en qué creer, alguien con quien estar".

En ese libro de relatos, la escritora colombiana desliza cuestiones que fisuran y laten en la vida de una mujer que es otra diferente en cada cuento, siempre acompañada por el mismo perro, el devoto y sabio Bartók.

Extraviada, buscando ocupar un espacio o asomándose al mundo de lo pequeño, la protagonista de sus relatos vive una vida corrosiva en una Barcelona que no es suya, dice palabras que dejan heridas, se llena de ideas que no le importan, o encueva una fiera dentro de ella. Le cuesta soltar, sí, como un perro a su pelota, mientras sigue erigiéndose como una sombra poderosa que busca huir de la locura.

Después de su trabajo con la novela Ciudad láser, ¿cómo nació la idea de publicar un libro de cuentos?

Después de terminar de escribir Ciudad láser no tenía ganas de comprometerme largo tiempo con personajes, entonces empecé a escribir estos cuentos. Cuando iba por el tercer cuento vi que en todos se repetían dos personajes: la mujer y el perro. Tuve que comprometerme con ellos para averiguar qué había ahí. Me gustó que el proceso de escritura se me saliera de las manos, experimentar la agencia de los personajes y sus imposiciones. Era lo que tenía que escribir en ese momento. Me preguntaba qué tan malsana puede llegar a ser una relación de amor y compañía con un animal. El perro es reactivo, grande y potencialmente peligroso (así les llaman a los dóberman y a otras razas) y ella es una mujer migrante con deseos de identificarse y pertenecer al nuevo lugar, pero abocada por completo a su vínculo con este animal, que además, por su carácter, la podía alejar del mundo. Este es un vínculo de sumisión y dominancia por más que se procure la horizontalidad. Me interesa prestarle atención a ese pedazo del alma que es indomable, en el perro, en la mujer y en la escritura.

¿Cómo fue el paso de la novela al cuento? ¿Qué es lo más complejo o exigente de cada género?

Cuando vino la idea de la novela fue como recibir hectáreas de tierra y la indicación de construir una gran casa, de montar unos planos, de prever situaciones. Ciudad láser es una novela que roza el policíaco; sentía que la tensión era la brújula de mi escritura, eso me hizo planificar y procurar seguir una escaleta. Con los cuentos se me dio un pedazo de tierra pequeño para ararlo, sembrar y ver qué surgía. Fue más un proceso de descubrimiento que de control. Me importa la técnica del cuento, pero a diferencia de la novela, eso surgió después o a la par, no antes. En ambos casos lo más complejo es la extensión.

En todo el libro hay una narradora que pareciera ser la misma, pero que se va transformando en cada cuento. ¿Cómo fue su construcción narrativa?

Ella es una mujer migrante. Vivir en un lugar distinto al que naciste, por más privilegios que se tengan, te hace ser muchas personas en poco tiempo. Un año fuera de casa son muchos años. Se me parece a la adolescencia: surgen con insistencia preguntas sobre la identidad y la pertenencia. Este personaje batalla por encontrar un lugar propio, algo en qué creer, alguien con quien estar. Pero se resbala en el proceso, de ahí el nombre del libro: el suelo como sostén y como trastazo.

¿Dónde nació la idea de registros tan amplios y diversos respecto a las situaciones por las que pasa su protagonista? (que rozan el terror o lo fantástico, por ejemplo, moviéndose en atmósferas e historias completamente diferentes en cada cuento).

De la curiosidad. La mujer, el perro, y su vínculo, estaban llenos de contradicciones. Quería verlos navegando en un barco, refugiados en el bosque, hacinados en la ciudad, conviviendo con otro perro y otros humanos, excluidos del mundo, expuestos a él, extrañándose, sofocándose. Quería conocerlos y saber cuánto aguantaba su vínculo.

Siento que hay un trabajo muy interesante con el tiempo y el manejo de la temporalidad. ¿Cómo lo desarrolló y cómo afecta a sus personajes?

Cada cuento tiene su tiempo, pero como en todos están la mujer y el perro, puede surgir la tentación de querer ordenar los eventos cronológicamente por un afán de comprensión, porque estamos cableados para acomodar la realidad sobre una cuerda. Yo quería escapar a esa linealidad, a la pesquisa detectivesca, a esa coherencia temporal. Lo interesante para mí es la sedimentación de su relación, que se va dando con el tiempo y las experiencias que tienen juntos. Un amigo de un amigo dice que el tiempo es nuestro. Así pasa cuando leemos y escribimos, el tiempo es nuestro.

Cuéntenos sobre la presencia de esa especie de realidad irreal (y el poder de las percepciones tan diversas de la realidad) que viven sus personajes.

Me interesa mucho la tensión entre la realidad y la percepción. La percepción deforma la realidad, pero la realidad es inaccesible. Estamos predispuestos a ver las cosas como somos, no como son. Mi personaje tiene una forma de ver y estar en el mundo muy particular; por momentos roza la lucidez y a veces el delirio, que son parecidos. Lo que más me inquietó fue su habilidad de amasar la realidad para sobrellevarla. Los cuentos señalan su autoengaño, su punto ciego, la tendencia de pasar su percepción como realidad, incluso en las situaciones más absurdas: es una mujer que en algún momento cree que perdió su nariz.

¿Qué tanto ha atravesado su escritura la vida que llevó en Barcelona?

En Barcelona estudié el máster de creación literaria de la Pompeu Fabra, escribí mi primera novela, hice mis grandes amigos de escritura, mis primeros lectores, estuve en el taller de Juan Pablo Villalobos. Barcelona me hizo migrante y los cuentos están ambientados ahí.


Contenido sindicado vía RSS de El Universal Cultura. Nota original: https://www.eluniversal.com.mx/cultura/confabulario/cuando-leemos-y-escribimos-el-tiempo-es-nuestro-mariantua-correa/

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El Universal Cultura
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