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Frente al cáncer, que llegó sin ningún aviso y por azar en una revisión de rutina, cuando ya había metástasis, el médico, académico y escritor mexicano, Arnoldo Kraus Weisman, dedicó los últimos meses de vida a sus dos grandes pasiones: la reflexión sobre la salud, la enfermedad, el dolor, la bioética, la muerte y la vida, y a encauzar esas reflexiones en un último ensayo literario, el más íntimo que escribió y publica Debate bajo el título Cuarto 412. Un testimonio, a un año de su muerte ocurrida el 30 de agosto de 2025.

Arnoldo Kraus, que fuera columnista de EL UNIVERSAL, fue hasta el final, uno de los principales defensores de la medicina humanista, de la eutanasia y la muerte asistida en México. A ello dedicó varios de sus libros como Decir adiós, decirse adiós y La morada infinita, y es uno de los temas presentes en su libro póstumo, que es un relato sobre pasar de ser médico y escritor a enfermo de cáncer, pero también habla del acontecer mundial, de la vida política, y una reflexión íntima sobre el miedo, la enfermedad, el dolor físico y mental, y un legado de pensamiento.

“Para mi papá, al final, hacer este libro fue como un refugio, la escritura para él siempre fue un refugio y una forma de seguir con su legado y con su forma de no quedarse callado ante la injusticia, de no quedarse callado ante el dolor, de poder usar la palabra escrita para que todo esto trascienda”, asegura Ilana Kraus, hija de Arnoldo.

La diseñadora que estuvo muy cerca de la edición del libro confiesa que no ha sido capaz de leerlo completo, “no sé si algún día lo pueda leer. Leí fragmentos, me iba compartiendo partes y me centraba en la redacción en la que lo ayudé un poco a darle velocidad. Fue verlo hasta el último momento literalmente con su estandarte de dignidad y humanidad y de tener muy claro que lo que le estaba pasando ahora pues era en primera persona, no como médico, él sabía que había que dejarlo por escrito”.

El libro es el relato de Kraus de su confrontación con la enfermedad y con el dolor, pero no desde la rabia, sino desde la reflexión con base en su experiencia en carne propia, desde la literatura y la filosofía de autores que lo acompañaron a lo largo de su vida y con los que diálogo ante la muerte; de su perpetua conciencia humanista, de su búsqueda de la dignidad y de vivir el hoy, el aquí y el ahora.

En las páginas de Cuarto 412, late un concepto que determinó su vida, como lo recuerda su hija, Carpe diem. “Carpe diem era un modus vivendi. Vivía con ese principio”, recuerda Ilana, quien recuerda que la palabra que él más asumía era “Dignidad”.

“Él siempre habló mucho de la dignidad, de la humanidad, de sus antepasados, y no dejó de hacerlo, como hijo de supervivientes del holocausto siempre se sintió con algo más, con lo que creció en casa y que también lo definió y definió muchos rasgos de su carácter. Entre ellos la resiliencia, el agradecimiento, la responsabilidad con el otro. Son cosas que tanto los que lo conocieron como doctores, como lectores, como amigos, la familia, eran características muy arraigadas y muy fuertes en mi papá. Siempre se guió por su compromiso con la gente”, afirma Kraus.

Al ser un libro tan personal y tan íntimo están presentes los temas sociales y políticos que le interesaban a Arnoldo Kraus, está su crítica al poder y a los políticos, su cuestionamiento al sistema de salud, a las farmacéuticas, los abogados y a las aseguradoras, a sus colegas profesionales de la salud que no sostienen ninguna relación humana con sus pacientes.

Asegura Ilana que esa enseñanza de vida de su padre la deja con una responsabilidad fuerte de seguir su legado y vivir con franqueza, con entereza, con dignidad y a no quedarse callada ante la injusticia, ante lo que está mal. Al final, a pesar del dolor, afirma que fue un regalo tenerlo de papá”.

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