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El PVEM, crecido, pone ficha en la mesa, y la presidenta enfría la “grilla”. El respaldo que hace unos días manifestó uno de los dirigentes históricos del PVEM, Manuel Velasco, al secretario de Seguridad y Protección Ciudadana —Omar García Harfuch— puede interpretarse como una estrategia de negociación del Verde frente a Morena.

Aunque es prematuro, el PVEM estaría considerando a don Omar como una carta electoral propia y, al mismo tiempo, deja abierta la posibilidad de apoyarlo si Morena no lo impulsa en 2030. Aprovecha que el partido ha incrementado su peso dentro de la coalición gobernante.

Nótese la reacción de la presidenta Claudia Sheinbaum, quien calificó estos pronunciamientos como “grilla” y “futurismos”.

Mientras que el PVEM está aumentando su valor de negociación, para García Harfuch puede significar un respaldo adicional, aunque también el riesgo de ser expuesto demasiado pronto, más sabiendo cómo se las gastan los duros de la coalición.

08 La imagen de Netanyahu ante el espejo electoral

¿Cómo se transforma la imagen de un dirigente frente a una crisis que no termina?

A tres semanas de las elecciones del 27 de octubre, el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, enfrenta una disputa que no se limita a los votos.

También se pone en juego la imagen que los electores asocian con su liderazgo.

Una imagen política bajo presión

A lo largo de los años, Netanyahu ha construido una identidad visual vinculada con la autoridad, el control y el poder.

Ha portado trajes oscuros, ha mantenido posturas firmes, miradas directas y gestos contenidos.

Esta comunicación no verbal ha reforzado la idea de un dirigente experimentado, especialmente en asuntos de seguridad.

Sin embargo, el contexto ha cambiado.

La guerra de Gaza continúa sin una resolución definitiva.

El gobierno enfrenta cuestionamientos por la gestión posterior al atentado terrorista del 7 de octubre.

Y existe un juicio en su contra por corrupción con audiencias continuas previas a la elección.

Por lo tanto, la imagen actual del primer ministro ya no es suficiente, pues también debe transmitir capacidad de respuesta frente a una acumulación de crisis.

Las principales problemáticas de su imagen

El problema central de su imagen radica en la tensión entre control y responsabilidad.

Netanyahu necesita comunicar firmeza frente a un escenario de seguridad, pero cualquier gesto de rigidez puede ser interpretado como distancia; cualquier muestra de vulnerabilidad, como pérdida de control y cualquier indicio de sumisión, como una pérdida de poder.

A esto se suman diversos cuestionamientos políticos y personales que vulneran la credibilidad del primer ministro.

Cuando los gestos también están en campaña

Las apariciones recientes del ministro muestran que la comunicación no verbal de Netanyahu funciona dentro de una paradoja.

Cuando aparece serio, contenido y con una postura rígida, puede reforzar la imagen de un líder que mantiene el control.

Sin embargo —en un contexto de cuestionamientos— esa misma expresión puede leerse como defensiva.

Por ejemplo, el pasado 5 de octubre Netanyahu ofició una ceremonia en memoria de las víctimas civiles del ataque del 7 de octubre de 2023.

Durante el acto, Yaakov Godo, padre de una de las víctimas, confrontó al mandatario: “no protegiste a mi hijo […] no protegiste a 1 200 personas que fueron asesinadas en un día”.

La comunicación no verbal del mandatario se mantuvo casi inerte.

Reacomodó un poco la postura y la cabeza, pero se mantuvo en calma y tranquilo.

¿Hacia dónde se dirige su imagen?

El 27 de octubre fungirá como un laboratorio de percepción social.

Algunas encuestas muestran una contienda indefinida, sin una clara tendencia.

Es posible que una derrota no represente el final de su influencia, pero sí podría consolidar una nueva lectura de su imagen.

Si gana, probablemente su comunicación no verbal volverá a interpretarse desde la fortaleza y la supervivencia política.

Si pierde, los mismos rasgos que alguna vez transmitieron control podrían ser interpretados como señales de desgaste, desconexión y desconfianza.

Así, la elección no solo planteará quién gobernará Israel, sino también qué imagen permanecerá en la memoria social y política de una figura que transitó de la estabilidad al desequilibrio, o de un lobo de poder capaz de sortear adversidades electorales.

Este contenido es responsabilidad de Cisne Negro y no forma parte del contenido editorial de EL UNIVERSAL.


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