Toda encuesta tiene margen de error. Es parte de su chiste. Muestran lo que muestran al tiempo que –las profesionales– declaran los límites de la exactitud de lo obtenido con preguntas a individuos. Esa es la salida que tiene Morena en Nuevo León. ¿La tomará?
Como mero ejercicio hipotético vamos a creerle a Morena en eso de que Clara Luz Flores ganó la encuesta para ser la candidata en Nuevo León. Incluso si así fue, hay que revisar el margen de error, porque en este caso parece gigantesco. Parece que algo no midió la “encuesta”.
Seguro ya advirtieron el truco de mi argumento. No, no hace falta revisar las décimas con que Clara Luz fue superior –según eso– a uno y otro contendiente obradorista por la gubernatura neolonesa. Es que la encuesta no lo es todo, no lo puede ser en política.
Porque la encuesta no tiene la culpa. Los no ganadores del ejercicio neoleonés ideado (es un decir, porque tiene más pinta de truco que de “idea”) por Morena para definir candidatura se han rebelado a quienes pretenden que se traguen la píldora de que una encuesta arroja un dictum inapelable. Que ni bailando en Chalma se puede controvertir. Los tres principales perdedores son todo menos novatos en la política.
Tan contundente desacato sería más ruidoso a nivel nacional si la crisis del agua en Jalisco no se hubiera robado el protagonismo noticioso. Pero lo segundo no hace menos explosiva la situación en Nuevo León para los morenistas. En cosa de dos semanas pasamos de “Tatiana Clouthier no acepta a Clara Luz Flores” a un “todos unidos contra Clara” que, tranquilitos, en rueda de prensa conjunta dicen no.
Morena está en un impasse.
Por un lado, puede aprovechar el ya muy obvio error político de pretender la imposición de Flores inventándose una ida al VAR. Qué no vio la encuesta, y sus patrocinadores, que la precandidata está en un enredo que trae a la memoria su fracaso en 2021. Si la dirigencia morenista recapacita, si aprovecha la oportunidad que los perdedores le están brindando, pueden salir fortalecidos con otra corcholata.
Por el otro, los morenistas tienen todas las reservas de abrirse a la opción de que las encuestas se pueden equivocar. Si así ocurriera, podrían enredarse otras candidaturas que no fueron asimiladas por los perdedores, como la de Michoacán o la de Zacatecas. Quitar a Clara Luz Flores podría alimentar los reclamos de quienes rechazan imposiciones en otras entidades. Toda una caja de Pandora.
Y en medio está esa viscosa sospecha que antes que disiparse, con el correr de los días aumenta más: por qué en Nuevo León la encuesta “falló” justo en el sentido que alimenta los rumores de que la entidad estaría por ser entregada, de que lo que se busca es perder; como en San Luis Potosí, pero en el terreno neoleonés frente a adversarios, y no como concesión a un aliado. ¿No quiere pelear Morena NL?
Bien dicen los encuestadores que sus resultados no deben ser tomados como proyecciones y menos como predicciones. Porque la realidad cambia caprichosamente. Si hace tres semanas Clara Luz era una carta de dudosa rentabilidad tras su cuarto lugar en 2021, qué dirían los encuestados hoy tras la tormenta mediática donde la “ganadora” de la encuesta no tiene ni el voto de las otras corcholatas.
Todas las encuestas tienen margen de error: se declara, se asume y no pasa nada. El problema es cuando la política se ciega frente a decisiones radicalmente erradas. Ahí sí ni cómo apelar al VAR.
Contenido sindicado vía RSS de El Financiero. Nota original: https://www.elfinanciero.com.mx/opinion/salvador-camarena/2026/10/15/morena-nl-y-el-bendito-margen-de-error/