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No servía para nada. Él no lo dijo, pero quizá lo pensó. Nueve horas empujando un bloque de hielo por la ciudad para terminar en un charco. Muchos lo vieron sin detenerse. Era 1997, y en el Centro Histórico de la Ciudad de México, Francis Alÿs avanzaba lento, casi invisible, como si su acción no mereciera atención.

Un retrato a la ciudad

No partió de un sitio simbólico ni anunció su recorrido. Simplemente comenzó a empujar. El hielo, grande y firme al inicio, apenas dejaba huella sobre el pavimento. La ciudad seguía su curso: microbuses, comercios, gente apurada. Nadie parecía notar que algo fuera de lo común ocurría. Todo pasaba al mismo tiempo, pero en planos distintos.

El desgaste

La obra: Paradox of Praxis 1 (Sometimes Making Something Leads to Nothing), se construía en ese contraste. Por un lado, el esfuerzo constante; por otro, la indiferencia total. Conforme avanzaba el día, el hielo comenzó a ceder. El sol lo debilitó, y el cuerpo del artista también empezó a resentir el cansancio.

Entonces cambió la forma de empujar. Ya no con las manos, sino con los pies. Pateando, arrastrando lo que quedaba. El bloque se volvió torpe, irregular, difícil de controlar. 

A ratos parecía que desaparecería en una coladera. El esfuerzo aumentaba mientras el objetivo se reducía. Nueve horas para convertir un volumen en nada.

Retrato reciente de Francis Alÿs.

Francis Alÿs, Sísifo en el DF

La metáfora no necesitaba explicación. Era el trabajo que no rinde, el desgaste diario, la energía que se consume sin resultados claros. Como Sísifo, pero sin castigo divino: aquí el absurdo es cotidiano. En la Ciudad de México, avanzar no siempre significa llegar a algún lado.

Al final, ya no había bloque. Apenas un resto, luego agua, luego nada. Solo algunos niños se acercaron a mirar, curiosos, atentos a lo extraño. El resto siguió su camino. Como si nada hubiera pasado. Como si ese gesto —empujar hasta desaparecer— no fuera, en el fondo, una imagen demasiado familiar.

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