¿Saben los mexicanos que al país lo ha venido gobernando una generación de políticos que provienen, en su mayoría, de una coalición partidista compuesta por Morena, PT y PVEM?
Con el tiempo, las ambiciones personales y de grupo, la falta de oficio político y el natural desgaste por el ejercicio del poder ha pasado factura a la fortaleza de esta alianza.
Ahora se presentan delicados escenarios que amenazan rupturas y, lo que puede ser más sensible, los fundamentos de un movimiento político y social que ha apostado trascender entre sexenios por su predicada fuerza moral, hoy bajo lupa.
Candidaturas cuestionadas… pero con respaldo presidencial
Una aduana que ha resultado difícil para esta coalición es la primera asignación de candidaturas, en este caso las correspondientes a gobernadoras y gobernadores.
Pronto se abrirán otros procesos, como las diputaciones federales y las presidencias municipales, aunque en muchos casos funcionarán como premios de consolación.
Las nominaciones en los estados de Baja California, Guerrero, Michoacán, Quintana Roo y Zacatecas son muestra de las tensiones que se han vivido dentro de Morena, pues el jaloneo con sus primos hermanos menores ha derivado en designaciones de Coordinadores Estatales de la Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional, altamente cuestionadas.
Aparentemente, hay figuras visibles detrás de estas selecciones (“destapes”) para muchos analistas, toda vez que las encuestas han sido guardadas, así como el resultado del análisis de factores de interés, (filtros anticorrupción y anticrimen), como la presidenta de Morena, Ariadna Montiel, y la responsable de la Comisión Nacional de Elecciones, Citlali Hernández
Sin embargo, varios apuntan a personajes que han buscado también incidir desde su posición actual o antecedentes en el movimiento, lo que abre aun más el compás de la disputa.
Se ha reportado que la Presidenta Claudia Sheinbaum ha evitado meterse en este proceso (lo que eso signifique), y que incluso hay evidencias de que para las elecciones de 2027 pidió enérgicamente respetar los resultados de las encuestas, aún aun cuando pudieran favorecer a políticos no bien vistos por el ala dura de Morena.
Hace unos días, en su conferencia matutina, decidió hacer a un lado su investidura presidencial e hizo una defensa indirecta de las designaciones de coordinadores.
Rechazó que haya “dedazo”, valoró el método de las encuestas, minimizó protestas y llamó a los equipos de los perdedores a serenarse.
PT, ABIERTO LLAMADO A LA FRACTURA
Tras la selección de la senadora Verónica Díaz como aspirante del movimiento para el Gobierno de Zacatecas, el PT profundizó su distancia con las decisiones del partido mayor de la coalición.
Su representante para este proceso, la activa senadora Geovanna Bañuelos, quedó desplazada y lo que siguió fue que el PT ha profundizado su distancia, de por sí ya manifiesta por parte de su histórico dirigente, Alberto Anaya.
La designación de la excuñada de los Monreal (David y Ricardo –gobernador y coordinador de los legisladores morenistas en la Cámara de Diputados) dejó otros notables damnificados en el camino, de quienes no se puede negar su trabajo político en los últimos años: el exalcalde de la capital zacatecana, Ulises Mejía, y el exsenador y activista del sector agropecuario, José Narro.
Por lo pronto, abiertamente el PT puesto sobre la mesa la posibilidad de sacar a sus propios candidatos a gubernaturas, cediendo las nominaciones a políticos desplazados en este proceso “interno”, pero que cuentan con reconocimiento y arrastre dentro de la militancia.
EL VERDE, UN BUEN NEGOCIO
Una de las designaciones que causó mayor sorpresa fue la de Quintana Roo, donde se optó por el senador con licencia, Eugenio Segura, por encima de un fundador y funcionario emblemático que tiene el sello doblemente marcado de la 4T, Rafael Marín Mollinedo.
De acuerdo con analistas, ganó el candidato de la gobernadora Mara Lezama, pero, sobre todo, el continuista de una tradición política y empresarial liderada por los intereses del Partido Verde, con Jorge Emilio González detrás de toda la operación.
El Verde elevó la apuesta, jugó con todos los factores a su alcance, dándole especial valor a conservar, sobre todo, el voto de la Coalición en el Congreso y mantener negocios conjuntos con figuras asociadas, indignamente, a la Cuarta Transformación.
El rostro más visible del pragmatismo político, aderezado por una pobre operación estratégica, puede verse en lo sucedido en Quintana Roo, donde principios y valores del movimiento quedaron subsumidos por negociaciones que más bien pueden leerse como extorsiones en el espejo histórico del negocio transexenal de siempre.
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