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Por años, las empresas aprendieron a navegar crisis como si fueran episodios temporales: una disrupción logística, un pico inflacionario, una tensión geopolítica o un ajuste monetario. Sin embargo, el entorno económico global de 2026 sugiere algo más profundo. Los shocks de oferta dejaron de ser eventos aislados para convertirse en una condición estructural de los negocios. El más reciente Global Economic Outlook de EY-Parthenon anticipa una desaceleración relevante, aunque no recesiva, de la economía mundial. El crecimiento pasaría de 3.4% en 2025 a 2.9% en 2026, antes de recuperarse moderadamente a 3.2% en 2027.

Pero el dato central no es la magnitud de la desaceleración, sino su origen. Ya no hablamos únicamente de una menor demanda, sino de una economía global más costosa, fragmentada y expuesta a tensiones simultáneas, entre ellas conflictos geopolíticos, tarifas, inseguridad energética, restricciones comerciales, presión demográfica y una adopción desigual de la tecnología. Para los tomadores de decisiones en México, este diagnóstico resulta especialmente relevante. América Latina podría mostrar cierta resiliencia gracias al impulso de mayores precios de las materias primas, aunque el crecimiento seguirá condicionado por la incertidumbre comercial, las condiciones financieras restrictivas, los choques alimentarios localizados y el entorno político. Un ejemplo es la revisión del T-MEC que actualmente llevan a cabo Canadá, Estados Unidos y México. En el caso de México, el estudio de EY-Parthenon prevé una recuperación gradual tras un débil 2025, aunque limitada por la consolidación fiscal, las renovadas presiones inflacionarias y la incertidumbre comercial. En otras palabras, crecer será posible, pero no automático. Uno de los principales riesgos proviene de la fragmentación geoeconómica, del aumento de tarifas, de los controles a la exportación y de las políticas industriales que están reconfigurando las cadenas de suministro. La tasa arancelaria promedio de Estados Unidos pasó de cerca de 2.4% a finales de 2024 a más de 10% a mediados de 2026, mientras que el comercio entre Estados Unidos y China cayó más de 35% interanual. Para México, la regionalización podría representar una oportunidad estratégica; sin embargo, también exige mayor sofisticación operativa, cumplimiento regulatorio, capacidad logística y certidumbre para atraer inversión. El segundo frente es la inflación. El conflicto en Medio Oriente añade presión sobre la energía, los alimentos, las materias primas y las rutas marítimas. Bajo el escenario base de EY-Parthenon, este conflicto podría reducir el crecimiento global en alrededor de 0.6 puntos porcentuales y elevar la inflación global en 1.7 puntos porcentuales hacia el cuarto trimestre de 2026. Para las empresas, esto implica márgenes más vulnerables, costos de financiamiento más altos y una necesidad urgente de revisar precios, coberturas, inventarios y contratos. La inteligencia artificial aparece como el gran contrapeso. Se estima que una difusión más amplia de esta tecnología podría generar el equivalente a uno o dos años adicionales de crecimiento global durante la próxima década. No obstante, la oportunidad viene acompañada de nuevas presiones, entre ellas una mayor demanda de energía, centros de datos, semiconductores, infraestructura digital y talento especializado. Además, aunque 78% de los líderes empresariales ve un alto potencial de crecimiento derivado de la IA, dos tercios aún se encuentran en etapas tempranas de adopción y 34% todavía no confía en ella para identificar oportunidades de alto impacto. La conclusión para los líderes empresariales es que la resiliencia ya no puede entenderse como una capacidad de reacción, sino como un diseño estructural. Las compañías mejor preparadas serán aquellas que combinen disciplina financiera, cadenas de suministro flexibles, poder de fijación de precios, eficiencia operativa, inversión tecnológica y un rediseño del talento. En este nuevo paradigma, proteger los márgenes no será suficiente. La verdadera ventaja competitiva estará en anticipar escenarios, reasignar capital con agilidad y construir modelos de negocio capaces de crecer incluso cuando el entorno global se vuelva más caro, volátil y fragmentado. _____ Nota del editor: Manuel Solano es Socio Director Regional de EY Latinoamérica y Director General de EY México. Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.

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