La perversa pantomima orquestada por el autoconfinado de Palenque al abiertamente desafiar a la presidente Claudia Sheinbaum y al “avalar” el regreso fugaz de Rubén Rocha Moya a la gubernatura de Sinaloa concretó el evento político más bochornoso del siglo XXI.
Hay que reconocerle a la presidente Sheinbaum que tomó la primer gran decisión de su gobierno justo en un momento en que la vida de la república está en riesgo. Quien no entienda que la trama “Rocha-Inzunza” es una bomba de tiempo para la relación bilateral con los Estados Unidos, así como una grieta irreparable en el oficialismo, no ha comprendido lo que está aconteciendo en la convaleciente nación que habitamos.
A la par de Rubén Rocha Moya, Andrés Manuel López Beltrán, Adán Augusto López, Ricardo Monreal, Félix Salgado, Mario Delgado, entre otros funestos personajes, han dejado en los hechos abierto el desafío al poder presidencial desde el inicio de esta administración. En esa tesitura, los gobernadores del oficialismo que seguirán la suerte de Rocha también deben tomar una decisión por causa de los perjuicios que le pueden ocasionar a la federación.
Esta semana que inicia, por mucho, es la más difícil de la administración Sheinbaum. Quien redacta estas líneas ha afirmado que ella no concluiría su sexenio y lo sostiene; sin embargo, bajo el actual concierto internacional y estado de cosas, también sería el peor escenario posible para el México. Personalmente, lo percibo inminente y no sería una victoria para facción alguna, significaría de manera llana el fin del régimen republicano como lo conocimos y para sorpresa de nadie sería la ensoñación macuspanera materializada.
Que no se tenga duda: el enemigo de México es el crimen organizado. El enemigo a vencer para el gobierno de la República es aquél que está apoderándose día a día de las carreteras, cobrando piso e imponiendo autoridades. De igual forma, el enemigo no es la oposición a la que se defenestra desde la tribuna de la Mañanera; el enemigo es el hombre que postrado en una silla se niega a dejar el poder a como dé lugar. El enemigo a vencer se mostró el fin de semana y tiene nombre y apellido: Andrés Manuel López Obrador.
El pacto de impunidad se ha roto y caiga quien caiga el gobierno de la república debe atender la crisis más grande que se haya registrado de gobernabilidad. La credibilidad de la titular del poder ejecutivo —bastante minada— está en juego y quien en los hechos es la persona más poderosa del país debe tomar la decisión más importante, tal vez, de la historia moderna.
No se le desea el fracaso a la presidente de México, se le desea que tenga la lucidez, la brillantez, la entereza y la firmeza para sacar adelante a México por encima del movimiento que le ha dejado en claro que ella no “manda”.
Sí, puede ser el final de su administración acotada y el comienzo de un nuevo régimen que haga un genuino llamado a la unidad nacional aún y con el reto de desmantelar el amorfo y nocivo movimiento del cual emanó su proyecto de gobierno y que hoy atenta contra la vida del estado mexicano en sí mismo.
Las horas más oscuras son el preámbulo de lo que se espera sea una nueva era para este gran país. La república está herida y aún se puede evitar que caiga.
Nadie está por encima de los intereses de los Estados Unidos Mexicanos, nadie, en absoluto.
Que la presidente tome la mejor decisión para el futuro de todos.
Bismarck Izquierdo Rodríguez. Secretario de Cultura del CEN del PRI
Twitter: @CulturaCENPRI/@bismarck_ir /Facebook: Bismarck Izquierdo
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