Compositores mexicanos de música sinfónica de inicios del siglo XX (Silvestre Revueltas, Juan Pablo Moncayo, Miguel Bernal, entre otros) constituyeron una auténtica vanguardia del nacionalismo musical. Por ello su legado no murió y logró echar raíces en compositores del país en tiempos más recientes. Uno de los más destacados ha sido Arturo Márquez. El sonorense escribió una de las máximas piezas sinfónicas de toda la historia de México: el Danzón no. 2.
Arturo Márquez: una vida dedicada a la música sinfónica
Nacido el 20 de diciembre de 1950 en Álamos, Sonora, Jesús Arturo Márquez Navarro estuvo en contacto con la música desde tierna edad. Hijo de Aurora Navarro y de Arturo Márquez, fue el mayor de nueve hermanos. Su abuelo, Otón Márquez, tocaba instrumentos de viento. Por su parte, cuando su padre se mudó con toda la familia a Los Ángeles, California, en 1962, formó un conjunto de mariachi. Con todo este bagaje a cuestas, a los 16 años inició su educación formal en la música. En 1969 regresó a México, estableciéndose en Navojoa. Allí dirigió la Banda Municipal de la localidad. Hacia el año de 1970 ingresó al Conservatorio Nacional de Música, donde estudió piano con Carlos Barajas y José Luis Arcaraz.
Sería a partir de este punto que su carrera iniciaría un notable ascenso. En el año de 1980, al terminar el Taller de Composición del Instituto Nacional de Bellas Artes, obtuvo una beca para estudiar composición en la Cité des Artes en París, Francia. Allí, siendo alumno de Jacques Castérède, realizó sus primeras composiciones: Moyolhuica y Enigma. Si por algo se ha caracterizado la destacada obra de Márquez es su equilibrio entre lo académico y lo popular. Por todo ello, ha sido galardonado con el Premio Nacional de las Artes y el Premio Distinguished Alumnus Award, otorgado por el California Institute of Arts.
Arturo Márquez, compositor del Danzón no. 2. © UNAM.El Danzón no. 2: una pieza nacida en Malinalco que unió tradición y cambio
A inicios de los años noventa, Arturo Márquez recibió la tarea de componer una pieza sinfónica para la Dirección de Actividades Musicales de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Es así que en 1993 viajó a Malinalco, Estado de México, junto al pintor Andrés Fonseca y la bailarina Irene Martínez. Ambos artistas eran expertos en los bailes de salón así como entusiastas del danzón, género oriundo de Cuba. Toda esta pasión se contagió inevitablemente al compositor. Es así que este trío realizó excursiones a Veracruz y al Salón Colonia en la colonia Obrera, en la Ciudad de México, donde investigaron los ritmos de esta música caribeña.
Dichas experiencias y conocimientos se volvieron el cimiento de lo que sería el Danzón no. 2. Por si fuera poco, Arturo Márquez estudió melodías del conjunto Acerina y su Danzonera. Gracias a ello captó como la aparente ligereza de éste género solo era la carátula de una música repleta de sensualidad y rigor formal. Es así que su pieza sinfónica se volvió un tributo al danzón, al baile, la nostalgia y lo emotivo. Junto a lo anterior, cuando estaba escribiendo el nuevo danzón entre enero y febrero de 1994, tuvo lugar el levantamiento indígena del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN). Esto influyó fuertemente en el ánimo del compositor, quién abrigaba una fuerte esperanza por el renacimiento de la música popular mexicana. Se abría pues, junto a la pieza musical, una expectativa por los cambios que estaba viviendo México.
Finalmente, el Danzón no. 2 fue estrenado el 5 de marzo de 1994 en la Sala Nezahualcóyotl del Centro Cultural Universitario (CCU). La pieza fue interpretada por la Orquesta Filarmónica de la UNAM (OFUNAM) bajo la batuta de Francisco Savin. El compositor dedicó su nueva obra a su hija Lily Márquez.
El tradicional danzón inspiró a Márquez en la composición de su magna obra. © Archivo México Desconocido.Legado de Arturo Márquez y el Danzón no. 2
Sobra decir que el impacto que tuvo el Danzón no. 2 en la vida de Arturo Márquez fue un parteaguas. Su aclamación internacional fue tremenda, lo que reposicionó a México en el panorama de la música sinfónica contemporánea. Precisamente por ello, varios críticos no han dudado en considerar esta obra clásica como la segunda pieza de música sinfónica mexicana más famosa, prácticamente a la par del Huapango de José Pablo Moncayo. Márquez es considerado a día de hoy un compositor a la altura de Carlos Chávez, Blas Galindo, Silvestre Revueltas y el ya mencionado Moncayo.
Por si todo lo anterior no fuera suficiente, el Danzón no. 2 resucitó el nacionalismo sinfónico mexicano, generando una segunda ola de este motivo musical en todo el país. La magna obra de Arturo Márquez ha sido interpretada prácticamente por todas las más destacadas orquestas sinfónicas del mundo.
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